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domingo, 17 de mayo de 2009

LA CAZA DE BRUJAS

Entre 1230 y 1340 comenzaron en Europa las grandes persecuciones de brujas, las primeras voces contra la hechicería se alzaron a comienzos del siglo XI, cuando Burcardo, obispo de Worms, y Juan de Salisbury denunciaron como fantasmas pecaminosos las viejas creencias que hablaban de mujeres que, de noche, cabalgaban desnudas sobre animales o danzaban en torno a una hoguera. Tomás de Aquino, ya en el siglo XIII, elaboró una compleja teoría de íncubos y súcubos (dos tipos de demonios), que copulaban con mujeres a cambio de ceder a éstas sus poderes malignos. Era el primer paso para que en 1326, el Papa Juan XXII declarara la brujería como herejía que hasta entonces había sido considerada una mera superstición. H.y V.

EL MATRIMONIO EN LA EDAD MEDIA

Leyendo este retazo de la Historia, podemos ver el por qué de algunos comportamientos machistas que todavía hoy siguen vigentes en la mente de muchos continuadores de la discriminación de género.

"A pesar de estar públicamente condenadas, las relaciones extramatrimoniales no eran infrecuentes en la Edad Media. Los adúlteros eran castigados severamente con penas pecuniarias, mientras que las concubinas podían llegar a ser azotadas en la plaza pública.

Las penas eran más severas para el caso de las mujeres infieles. Toda mujer casada encontrada en flagrante delito de adulterio perdía toda su dote en beneficio del marido o de los hijos y, además, podía ser azotada en público y expulsada de la casa conyugal e incluso de la ciudad o pueblo donde residía. Es más: con el paso del tiempo se llegó a legitimar el uso de la violencia y se daba por bueno el asesinato del amante y de la adúltera en defensa del honor del ofendido."

sábado, 2 de mayo de 2009

EL DERECHO DE PERNADA

La memoria histórica es, o debería ser, el fundamento base a la hora de juzgar o valorar el comportamiento de los que hoy pretenden darnos lecciones de moral.
Según nos cuenta la Historia, con mayúscula, a lo largo de la Edad Media convivieron los valores impuestos por la cristiandad con costumbres que hoy nos parecen aberrantes y que, probablemente, derivaban de antiguos ritos ancestrales. Uno de ellos, el derecho de pernada, consistía en que, en las bodas de los siervos, el amo podía acostarse con la novia antes que el marido. En cualquier caso, el derecho de pernada podía quedar sin efecto si se pagaba al señor una elevada suma de dinero.
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