Cuando Tino despertó de un agitado sueño después de una noche de pesadilla, no le fue agradable mirar el reloj y comprobar que ya era la hora de levantarse: se sentía un poco cansado y necesitaba algo más de reposo para comenzar el día con renovado optimismo. No obstante, como estaba enamorado de su trabajo y lo hacía con verdadero apego, casi sentía la necesidad de esbozar una sonrisa. Pero cuál no fue su sorpresa cuando pudo comprobar que era domingo y no tenía que trabajar. Así pues, se volvió a meter en la cama, y sin poder evitarlo, se le pusieron en marcha todos los mecanismos de la mente.
Lo primero que empezó por preguntarse fue lo siguiente:
-¿Si volvieras a nacer seguirías el mismo camino, o modificarías algunos aspectos de tu vida?
-En ningún caso seguiría el mismo camino y trataría de vivir más intensamente una nueva experiencia. Y en lo que a mi vida sentimental se refiere, lo borraría todo de un plumazo, cultivaría más el amor, y lo bebería sorbo a sorbo para embriagarme cada día.
-¿Has hecho algo en la vida de lo que te sientes arrepentido?
-Hay muchas, muchas cosas de las que me arrepiento, pero hay una en particular. Y no es otra que no haber podido compartir mi vida con la mujer que guarda la llave de mi felicidad.
Me arrepiento de haber malgastado mucho tiempo en divagaciones y frivolidades que no me aportaron en su día otro bien que la satisfacción del momento, a costa de descuidar otros valores y enseñanzas que la vida nos ofrece y que despreciamos cuando somos jóvenes, porque no tenemos un concepto definido de la realidad. También me arrepiento de haberme dejado llevar en determinados casos por el corazón y no por el cerebro. La vida me ha enseñado lo que no se puede aprender en los libros. Pues hay que dejar espacio al sentido común antes de tomar una decisión. Y si la decisión es muy importante, siempre hay que decidir desde una perspectiva de neutralidad y nunca como resultado de una ofuscación, miedo o resentimiento.
-¿Si tuvieras que hacer una valoración de tus logros personales sobre un baremo del 1 al 10, ¿qué puntuación te pondrías?
-Soy por naturaleza escéptico e insatisfecho y no termino de identificarme con la orientación moral de la sociedad moderna, en la que el becerro de oro se antepone a la dignidad, como si la vida fuera una competición de insultos y una juerga de poderes, para desgracia de todos. No obstante, en lo que se refiere a relaciones sociales y autoestima, me pondría un aprobado alto, el resto es la verdadera causa de mi frustración, con la agravante añadida que difícilmente podrá ser corregido.
-¿Entonces se puede decir que tienes razones para dormir en paz?
-Puedo dormir en paz porque no estoy en deuda moral o material con nadie, pero duermo con un ojo abierto y otro cerrado para que la dignidad no se me escape y por miedo a que pase mi amor y no me percate de su presencia.
La democracia, vista desde la dictadura, es un sueño, casi divino, que te transporta al paraíso. Pero cuando despiertas te das cuenta de que los sueños, sueños son. Cayetano Bretones
domingo, 28 de marzo de 2010
lunes, 22 de marzo de 2010
PSICOLOGÍA ENGAÑOSA.
Mientras paseaba por una calle periférica de la capital, me llamó la atención un pequeño rótulo perdido entre una veintena de anuncios pegados en el cristal de la puerta de un establecimiento, en el que decía:
“Se hacen limpiezas espirituales de negocios y personas”.
Aunque seguí caminando, la curiosidad no satisfecha me retuvo y me hizo regresar para estar seguro de lo que había visto y leído: me suele suceder que mis pies no obedecen hasta tanto no resuelvo mis dudas. No terminaba de entender aquello de limpieza espiritual, y mucho menos, de negocios. Al fin, una vez estuve nuevamente frente a la puerta y releí el rótulo deletreando su mensaje, sólo para satisfacer mi curiosidad, me decidí a entrar.
Me recibió una señora de aspecto exótico, con el pelo recogido en la coronilla en forma de escoba, simulando a una cacatúa, y mi primera impresión fue la de estar ante una embaucadora, convencida de que estaba prestando un eficiente servicio a la sociedad.
-Por favor –le pregunté-, ¿me podría decir usted a qué se refiere eso de limpiar el espíritu de un negocio? Porque si ya es difícil limpiar el espíritu a las personas, el espíritu de un negocio..... es que no lo entiendo.
-Pues verá... –me respondió un tanto dubitativa, pensando tal vez en la doble intención de mi pregunta.
-No repare en nada, señora, le dije, si le pregunto es porque soy comerciante y todo lo que se mueve alrededor de éste mundillo, me interesa.
-Bien, pase, pase -me invitó a entrar mientras me indicaba con la mano la puerta de su despacho.
Una vez sentados, frente a frente, comenzó a desgranar el secreto que, bajo su mágica dirección, conseguía liberar a cualquiera de sus remordimientos e influencias negativas.
-Hasta aquí todo perfecto, señora –la interrumpí-, pero la incógnita sigue abierta y no veo que usted me indique el camino para llegar a la verdad. Insisto: quiero saber cómo se limpia el espíritu de un negocio.
-Muy fácil, señor -me contestó ésta vez convencida de que sacaría tajada-, si usted tiene problemas personales, adopta prácticas ilegales, maneja dinero negro o defrauda al fisco, esa inquietud que le atormenta se traduce en la negación del éxito. Todo ello perjudica el buen funcionamiento de su empresa, para lo que nosotros le sometemos a unos cursos de contenido psicológico que le mantendrá ausente de problemas cuando aprenda a disociar lo personal de lo meramente comercial.
-Eso puede ser cierto, señora -le dije-, pero no me negará que lo que realmente cuenta es estar en paz con la sociedad y con la justicia.
-Por supuesto que sí –me contestó-, pero en la vida, como usted sabe muy bien, lo que verdaderamente nos hace sentir felices es cuando estamos en paz con nuestra conciencia.
Un reflejo de pudor y moderación me impidió que gritara al oír semejante barrabasada, por lo que, evitando cualquier asomo de menosprecio, le contesté:
-Gracias, señora, ahora lo entiendo. Y adelantando la mano buscando la suya para despedirme, un pensamiento reflejo me llevó a pensar, una vez más, que el mundo está plagado de pícaros y bribones que viven al socaire de los ignorantes.
“Se hacen limpiezas espirituales de negocios y personas”.
Aunque seguí caminando, la curiosidad no satisfecha me retuvo y me hizo regresar para estar seguro de lo que había visto y leído: me suele suceder que mis pies no obedecen hasta tanto no resuelvo mis dudas. No terminaba de entender aquello de limpieza espiritual, y mucho menos, de negocios. Al fin, una vez estuve nuevamente frente a la puerta y releí el rótulo deletreando su mensaje, sólo para satisfacer mi curiosidad, me decidí a entrar.
Me recibió una señora de aspecto exótico, con el pelo recogido en la coronilla en forma de escoba, simulando a una cacatúa, y mi primera impresión fue la de estar ante una embaucadora, convencida de que estaba prestando un eficiente servicio a la sociedad.
-Por favor –le pregunté-, ¿me podría decir usted a qué se refiere eso de limpiar el espíritu de un negocio? Porque si ya es difícil limpiar el espíritu a las personas, el espíritu de un negocio..... es que no lo entiendo.
-Pues verá... –me respondió un tanto dubitativa, pensando tal vez en la doble intención de mi pregunta.
-No repare en nada, señora, le dije, si le pregunto es porque soy comerciante y todo lo que se mueve alrededor de éste mundillo, me interesa.
-Bien, pase, pase -me invitó a entrar mientras me indicaba con la mano la puerta de su despacho.
Una vez sentados, frente a frente, comenzó a desgranar el secreto que, bajo su mágica dirección, conseguía liberar a cualquiera de sus remordimientos e influencias negativas.
-Hasta aquí todo perfecto, señora –la interrumpí-, pero la incógnita sigue abierta y no veo que usted me indique el camino para llegar a la verdad. Insisto: quiero saber cómo se limpia el espíritu de un negocio.
-Muy fácil, señor -me contestó ésta vez convencida de que sacaría tajada-, si usted tiene problemas personales, adopta prácticas ilegales, maneja dinero negro o defrauda al fisco, esa inquietud que le atormenta se traduce en la negación del éxito. Todo ello perjudica el buen funcionamiento de su empresa, para lo que nosotros le sometemos a unos cursos de contenido psicológico que le mantendrá ausente de problemas cuando aprenda a disociar lo personal de lo meramente comercial.
-Eso puede ser cierto, señora -le dije-, pero no me negará que lo que realmente cuenta es estar en paz con la sociedad y con la justicia.
-Por supuesto que sí –me contestó-, pero en la vida, como usted sabe muy bien, lo que verdaderamente nos hace sentir felices es cuando estamos en paz con nuestra conciencia.
Un reflejo de pudor y moderación me impidió que gritara al oír semejante barrabasada, por lo que, evitando cualquier asomo de menosprecio, le contesté:
-Gracias, señora, ahora lo entiendo. Y adelantando la mano buscando la suya para despedirme, un pensamiento reflejo me llevó a pensar, una vez más, que el mundo está plagado de pícaros y bribones que viven al socaire de los ignorantes.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
