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jueves, 29 de abril de 2010

DECISIONES DE JUVENTUD


Para bien o para mal, la vocación que nos nueve a tomar decisiones cuando somos adolescentes, marca ya el rumbo de lo que ha de ser nuestra vida en el futuro. Son decisiones voluntarias que no están mediatizadas por otros motivos de distinta naturaleza que después nos va imponiendo la vida. Por tanto, si por razones ajenas a nuestra voluntad no seguimos el camino elegido, todo cuanto hacemos después no es más que poner remiendos en los rotos y rectificar rumbos equivocados, intentando retomar una iniciativa que tal vez quedó inconclusa en nuestra juventud y la llevamos dentro como una permanente tentación. En definitiva, el que no hace una carrera universitaria, el que no prepara unas oposiciones, el que no aprende un oficio o no tiene las ideas claras respecto de su porvenir cuando es joven, salvo la clásica excepción, difícilmente lo podrá conseguir cuando sea mayor: las distintas etapas de la vida se van ajustando ya a planteamientos diferentes, porque las condiciones y situaciones también lo son. Como suele ocurrir con todas las vocaciones, salvo que sean manías temporales de juventud, todas se manifiestan desde que tenemos uso de razón, y todas se van alimentando como las plantas, dejando entrever (a veces, involuntariamente), unas preferencias que nunca nos abandonarán. Por supuesto que la vida nos irá abriendo otros espacios y otras posibilidades. Pero cuando esa vocación ha crecido con nosotros y tiene personalidad propia, ocurre que ninguna modificación que hagamos tendrá ya la suficiente influencia para eclipsar la estrella que marca nuestro camino.

LAS DECISIONES

Con mentalidad de viajero incansable, la decisión estaba tomada y, sin pensarlo dos veces, cogí la maleta y me puso a andar por caminos hasta entonces desconocidos para mí, con la permanente sospecha de si mi dirección era la correcta o, por el contrario, enfilaba un camino equivocado que me llevaría al fracaso. Como siempre ocurre en estos casos, nunca sabré si aquella decisión fue la más correcta y acertada, como tampoco sabré nunca qué hubiese ocurrido en caso de tomar otra dirección. Es la gran incógnita de nuestra vida cuando somos víctimas o protagonistas de un acontecimiento que sospechamos se podría haber evitado si hubiéramos hecho esto o aquello. Lo cierto es que no podemos estar en todas partes a la vez para poder elegir entre todas las posibilidades la que más nos conviene. Las decisiones, dice el sabio, como una partida de cartas, son bazas que se juegan a merced de lo que la suerte, destreza o casualidad nos quieran deparar.

AUTÉNTICOS O SINTÉTICOS

La felicidad puede estar en todas partes y no estar en ningún sitio. Y sea cual sea nuestra elección, si viajemos en busca de nuevos horizontes, lo importante es ir siempre acompañados de nuestra personalidad íntegra y sin mutilaciones. De no ser así, no cabe duda que en la próxima estación nos encontraremos con la otra parte de nosotros que dejamos abandonada en la anterior por vanaglorias, muchas veces, sin fundamento. Somos como somos y, como decía Adriano, nuestro mejor compañero debe ser siempre nuestro propio yo; aunque a veces sea un compañero engorroso y desagradable y no tengamos más remedio que llegar a acuerdos y convivir con ese individuo incorregible hasta el fin de nuestros días.
No viajemos enmascarando una huída hacia delante huyendo de nosotros mismos en pos de la felicidad, porque no la encontraremos si no partimos con la premisa de aceptarnos como somos y edificamos nuestro futuro sobre esa base. Hay muchas personas que han malgastado su vida sembrando en terrenos baldíos con tal de recoger unas migajas que le den realce y suntuosidad, aunque sólo sea momentáneo para satisfacer una ostensible vanidad. En nuestra capacidad de saber salir de esa situación, vendremos a demostrarnos a nosotros mismos y a los demás nuestro grado de madurez mental, y si somos auténticos o sintéticos.

domingo, 18 de abril de 2010

VENDER TRIGO Y DAR CEBADA

“Todos nos manifestamos a favor de la paz,-dijo Abraham Lincoln durante la guerra – pero al usar la misma palabra, no todos nos referimos a la misma cosa”

Vengo observando en los españoles, con los que comparto la palabra, un deseo ferviente de encontrar la luz que nos mantenga en la paz y el bienestar social, en muchos casos sacrificando principios que nutren nuestros propios ideales. Yo me confieso uno de tantos y mis letras me delatan como demócrata convencido, de lo que me siento honrado. Pero, a fuer de sincero, creo que a muchas sombras de la democracia se les podría aportar luz si todos los Partidos políticos se dieran un baño de humildad y se sentaran con voluntad de establecer las bases y los límites que separan lo permisivo de lo punible, lo posible de lo imposible, la fantasía de la realidad, la demagogia de la verosimilitud. Pues viene sucediendo que los problemas los analiza cada cual desde una perspectiva interesada y diferente, según conviene cuando están en el poder o en la oposición: los criterios sobre el mismo tema cambian de forma tal que, los ciudadanos de a pie, muchas veces nos quedamos perplejos.

lunes, 5 de abril de 2010

ESOS DUENDES MISERABLES

Hay cosas en la vida que no se pueden expresar ni aprender. Tampoco las hemos invitado a formar parte de nuestro ente individual, ni las hemos elegido, ni siquiera soñado. Son esos duendes incorpóreos, extraños, que se pegan a tu cuerpo como lapas y forman parte de ti como un órgano vital. No sabes por qué te han elegido a ti, ni tampoco sabes qué buscan en ti, pero ahí siguen en silencio, confabulando y haciendo acto de presencia cuando menos lo esperas. No tienen físico, ni voz, ni vida propia, pero beben de tu sangre y se alimentan de tus hematíes, y también burlan el ejército de tus defensas, haciendo de tu organismo una Torre de Babel. Si, es algo que se posesiona y forma parte de la factoría donde se fraguan tus decisiones y proyectos, si bien es cierto que dichas decisiones o proyectos llevan todos la rúbrica de aprobado de esos duendes miserables. Otras veces me rebelo y organizo mi propia fuerza de choque, pero cuando me lanzo a la lucha, siempre hay un objetivo infranqueable que no puedo superar, detrás del cual, allí están ellos armados hasta los dientes y me obligan a regresar. Aunque hago todos los esfuerzos para no dejarme sucumbir, al fin he decidido entrar en negociaciones con ellos y hemos llegado a un acuerdo. Ellos me dejan vivir a mí, y yo los ignoro para que sigan decidiendo.