Powered By Blogger

lunes, 1 de noviembre de 2010

LA UNIDAD DEL ESTADO

<
La realidad que llamamos Estado no es la espontánea convivencia de hombres que la consanguinidad ha unido. El Estado empieza cuando se obliga a convivir a grupos nativamente separados. Esta obligación no es desnuda violencia, sino que supone un proyecto iniciativo, una tarea común, que se propone a los grupos dispersos para que juntos hagan algo. Orgeta y Gasset

Sin Estado, sólo los más fuertes sobrevivirían, aumentaría la esclavitud y cada día serían más los muros y alambradas que nos separarían a unos de otros. Un Estado democrático representa el aval que garantiza al ciudadano la libertad y su mejor calidad de vida. La Constitución es también la plataforma sobre la que descansa toda la estructura de la democracia, previo reparto de competencias a las distintas autonomías territoriales. Pero es en este punto donde las leyes y los gobiernos de turno fallan en su vigilancia a la hora de dinamizar la gestión y la administración del Estado. El mejor ejemplo lo podemos encontrar en la Ley de Dependencia, así como en otras leyes de obligado cumplimiento. Por incompatibilidad de ideologías con el Gobierno central, suele suceder que cada comunidad autónoma actúa según sus dogmas o criterios políticos. Y la finalidad no es otra que hacer caer en el descrédito al adversario para conseguir el poder. Por esta razón, no es comprensible que nuestros representantes políticos se sientan satisfechos por el trabajo realizado. Unos y otros venden de España una imagen paradisíaca en unos casos o catastrofista en otros, según conviene, pero sea cual sea el resultado, siempre redunda en perjuicio de los ciudadanos en general, y de los más necesitados en particular.
En definitiva, el Parlamento se supone que es el templo de la palabra (porque así nos lo dice la Constitución) donde se deben debatir y solucionar todos los problemas que competen a la vida nacional. Sin embargo, muchos son los políticos que vienen haciendo de la calle el escenario donde despotrican con exaltación de ideólogos, a la vez que representan papeles de ridículos bufones.