La democracia, vista desde la dictadura, es un sueño, casi divino, que te transporta al paraíso. Pero cuando despiertas te das cuenta de que los sueños, sueños son. Cayetano Bretones
domingo, 30 de junio de 2013
La Historia se Repite
Después de algo más de año y medio, que es el tiempo que el Gobierno del PP dirige los destinos de España, la incertidumbre e inquietud por la pérdida de derechos laborales y sociales se ha triplicado. Contrariamente a lo que habían prometido, dando un giro radical a sus propuestas iniciales, Rajoy nos ha metido treinta subidas de impuestos. Pero es lamentable que después de tanto recorte, la tijera no haya calado en el meollo de lo esencial, en lo que se refiere a la corrupción, empezando por descabalgar de sus poltronas a una larga lista de imputados, de diferentes ideologías, que siguen ostentando sus cargos para afrenta e indignación de la mayoría de los españoles. La implicación de algunos dirigentes y destacados miembros de la clase política en unos casos, y la desidia en la vigilancia de los gobiernos de turno, en otros, han venido dando rienda suelta al despilfarro del dinero público, al nepotismo, al tráfico de influencias, a la prevaricación, así como a la fuga de capitales a los paraísos fiscales. Todo ello ha terminado rompiendo las expectativas de futuro y la confianza del pueblo en sus gobernantes. Y pese a que nos prometieron de forma reiterada y engañosa que tenían la receta del bálsamo para remediar todos los males de España, la ingeniería política y financiera del Gobierno de Rajoy no ha cambiado ni una coma respecto de los códigos o normas estructurales que sostienen el sistema. Es evidente que las líneas maestras de las políticas neoliberales ya vienen marcadas desde el principio de los tiempos, pero en este caso, cumplir lo prometido sin traicionar sus principios ideológicos, a Rajoy y su Gobierno les ha colocado en un situación comprometida, y lastrados por la indecisión y la falta de cohesión, han terminado dando palos de ciego, ni tienen tampoco marcada una hoja de ruta del modelo económico y productivo que España necesita para salir del atolladero en que se encuentra metida. Desde luego que no hay que ser licenciado o experto en economía para comprender que subiendo los impuestos directos e indirectos y finiquitando derechos a los trabajadores, un día sí y otro también, el mercado irá languideciendo por falda de consumo hasta fenecer, y con el mercado caerá también todo el entramado de la economía nacional.
Desgraciada e irremisiblemente, si no soplan vientos más favorables, se vuelven a poner de moda las Casas de la Caridad, en las que ya se da acogida en ciudades y pueblos a centenares de personas, abatidas por la impotencia y la necesidad extrema. La mendicidad obligada, en un corto espacio de tres años se ha triplicado, mientras que el porcentaje de ricos ha crecido más de un cinco por ciento, en detrimento de los que carecen de todo. Por otro lado, el dinero público se va a la enseñanza y la sanidad privada, lo que conllevará inevitablemente que la enseñanza y la sanidad pública, pronto serán apéndices de la privada. No es aventurado decir que si los hijos de los trabajadores y clases medias no pueden tener acceso a estos derechos, el clasismo y la marginación social saldrán fortalecidos, dando paso a la ignorancia, creando así un país de indigentes culturales.
En lo que a la juventud en edad de trabajar se refiere, pese a ser la generación más culta y mejor preparada de la historia de España, es evidente que se encuentra en la peor de las circunstancias, ya que todos los caminos le conducen hacia un callejón sin salida. Con el reglamento laboral vigente en las manos, para que un joven acumule 35 años de cotización a la Seguridad Social con contratos de un mes e incluso días, para tener derecho a una asignación vitalicia en el futuro, tendrían que transcurrir doscientos años y, aún así, no lo conseguiría.
Por estas y otras rozones, cuando una persona vive sumida en la desesperanza y la angustia espiritual, con una continuidad prolongada en el tiempo, termina por observar que se va convirtiendo paulatinamente en una piltrafa humana. Así pues, de seguir por este camino, igual que sucedió durante la posguerra en España, a la vuelta de diez o quince años, España no solo será un país de menesterosos, sino que también encontrarán su caldo de cultivo todas las enfermedades psíquicas y mentales.
Cabre
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

