Un
año más nos llegó la Navidad: un susurro de zambombas y aguinaldos se agolpan
en mi oscura mente, de cánticos de gloria, risas y aromas de buñuelos, con
calor de hogar y mesa sin mantel. También me llegan lamentos de guitarra, que
regalan mis oídos en larga noche de fiesta y amanecer de rondallas, entonando
con voz rota canciones de la región.
Todo es humilde, austero, sencillo, y se sufre y llora, o se ríe y se canta, pero la fiesta es y pertenece al pueblo, sin alharacas ni luces de neón.
Mas los años van pasando y nos llega la Navidad, que más parece que llega para recordar al pobre su pobreza que para traer un mensaje de esperanza, cuando vemos que al rico se le abren todas las puertas y ventanas del mundo, y el pobre sigue perdido en la oscuridad sin justicia, sin pan, sin voz y sin Dios.
Ya no oigo la zambomba con su ronca voz, ni se ve la estrella que nos lleve a un belén montado en un portal. Sólo las luces nos ciegan de los grandes almacenes, y anuncios centelleantes bordeados de colores y de alfombras variopintas induciéndonos a comprar.
La televisión absorbe, nos domina, establece las costumbres y los vicios y nos lleva por caminos perniciosos, o en la butaca seguimos su doctrina castigando facultades y memoria, y uniendo a nuestra vida, si es que vivimos, más cadenas, servidumbres y cilicios.
Todo es humilde, austero, sencillo, y se sufre y llora, o se ríe y se canta, pero la fiesta es y pertenece al pueblo, sin alharacas ni luces de neón.
Mas los años van pasando y nos llega la Navidad, que más parece que llega para recordar al pobre su pobreza que para traer un mensaje de esperanza, cuando vemos que al rico se le abren todas las puertas y ventanas del mundo, y el pobre sigue perdido en la oscuridad sin justicia, sin pan, sin voz y sin Dios.
Ya no oigo la zambomba con su ronca voz, ni se ve la estrella que nos lleve a un belén montado en un portal. Sólo las luces nos ciegan de los grandes almacenes, y anuncios centelleantes bordeados de colores y de alfombras variopintas induciéndonos a comprar.
La televisión absorbe, nos domina, establece las costumbres y los vicios y nos lleva por caminos perniciosos, o en la butaca seguimos su doctrina castigando facultades y memoria, y uniendo a nuestra vida, si es que vivimos, más cadenas, servidumbres y cilicios.
Cabre
