LA MUJER MEDIEVAL
Según nos cuenta la historia, la mujer medieval debía ser pálida, rubia, de labios y mejillas encendidos, cejas depiladas. Para conseguir la máxima belleza, el cabello se lo aclaraban mediante baños de azafrán y se evitaba la caída del cabello con aplicaciones de sangre de murciélago. Del aceite de almendra y la miel se decía que conseguían que el cutis se asemejara a la piel del recién nacido. Para las manos usaban zumo de limón, edulcorado con azúcar candí. Para evitar el olor corporal, el jabón se perfumaba con almizcle y clavel. Entre los perfumes destacaba el agua de rosas y de romero que se mezclaba con flor de azahar, madera de aloé, lavanda y algalía.

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