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lunes, 1 de noviembre de 2010

LA UNIDAD DEL ESTADO

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La realidad que llamamos Estado no es la espontánea convivencia de hombres que la consanguinidad ha unido. El Estado empieza cuando se obliga a convivir a grupos nativamente separados. Esta obligación no es desnuda violencia, sino que supone un proyecto iniciativo, una tarea común, que se propone a los grupos dispersos para que juntos hagan algo. Orgeta y Gasset

Sin Estado, sólo los más fuertes sobrevivirían, aumentaría la esclavitud y cada día serían más los muros y alambradas que nos separarían a unos de otros. Un Estado democrático representa el aval que garantiza al ciudadano la libertad y su mejor calidad de vida. La Constitución es también la plataforma sobre la que descansa toda la estructura de la democracia, previo reparto de competencias a las distintas autonomías territoriales. Pero es en este punto donde las leyes y los gobiernos de turno fallan en su vigilancia a la hora de dinamizar la gestión y la administración del Estado. El mejor ejemplo lo podemos encontrar en la Ley de Dependencia, así como en otras leyes de obligado cumplimiento. Por incompatibilidad de ideologías con el Gobierno central, suele suceder que cada comunidad autónoma actúa según sus dogmas o criterios políticos. Y la finalidad no es otra que hacer caer en el descrédito al adversario para conseguir el poder. Por esta razón, no es comprensible que nuestros representantes políticos se sientan satisfechos por el trabajo realizado. Unos y otros venden de España una imagen paradisíaca en unos casos o catastrofista en otros, según conviene, pero sea cual sea el resultado, siempre redunda en perjuicio de los ciudadanos en general, y de los más necesitados en particular.
En definitiva, el Parlamento se supone que es el templo de la palabra (porque así nos lo dice la Constitución) donde se deben debatir y solucionar todos los problemas que competen a la vida nacional. Sin embargo, muchos son los políticos que vienen haciendo de la calle el escenario donde despotrican con exaltación de ideólogos, a la vez que representan papeles de ridículos bufones.

jueves, 16 de septiembre de 2010

RECORDANDO A QUEVEDO




Después de interrumpir durante un razonable período de tiempo la actividad normal, afortunadamente, sin el síndrome post vacacional, ya me encuentro en casa. A mi pesar, contraviniendo mis buenas intenciones, regreso sin haber escrito absolutamente nada, con la cartera vacía y tal vez con un kilo de más. El descanso prolongado y el cambio circunstancial, con ser un revulsivo para las neuronas y el equilibrio psíquico, no dejan de ser también una incitación a la vagancia y el desmadre, para después terminar en brazos de la pereza. Aunque no es mi caso. Es cierto que durante estos días he leído mucho, especialmente a los clásicos, pero no hasta el punto de hacerlo con la avidez y en la medida que lo hacía Quevedo. Pues según nos cuenta la Historia, solía leer en ocasiones cuatro libros a la vez. En sus desplazamientos era imprescindible incorporar a su equipaje hasta cien libros. Si rememoro a este gran genio de las letras y de la sátira social, hombre de vasta cultura, polémico, pesimista, amargado y cortesano, es porque al visitar el Hotel de San Marcos, en León (destinado a ser en 2014 uno de los mejores hoteles del mundo), sentí un escalofrío, sólo al pensar que en este lugar (entonces prisión), estuvo recluido D. Francisco de Quevedo y Villegas, durante cuatro años. En una minúscula celda, húmeda y sombría, con los pies encadenados y ulcerados, fue víctima de la intolerancia y la crueldad de la monarquía represora de su tiempo. Cuando es liberado, en 1643, es un hombre moral y físicamente destruido. Falleció el día 8 de septiembre de 1645, pocos meses después de haber conocido la muerte de su enemigo el conde-duque de Olivares.
Según consta en la biografía actualizada por Leopoldo de Trazegnies, “Quevedo era un hombre desengañado de muchas cosas, entre otras de las mujeres, a las que deseaba alegres, pero a ser posible "sordas y tartamudas". Muchas veces se refiere a ellas de forma despectiva y a juzgar por su temática, más que frecuentar círculos familiares, conoció los ambientes prostibularios y marginales de su época, a los que llegaba atraído por el sexo pero dominado por su misoginia.”

Desgraciadamente, al espectacular complejo arquitectónico de San Marcos, con su maravillosa fachada de estilo plateresco, la historia le tenía reservado albergar a centenares de víctimas de la posguerra civil española. Con la irrupción del franquismo represor en España, compitiendo con la época de Quevedo, San Marcos fue también destinado a penal donde, por defender la libertad, muchos inocentes se dejaron su salud y también su vida, que no su dignidad, que se fue con ellos a la tumba.

jueves, 1 de julio de 2010

PUERTA DE LOS APÓSTOLES


Puerta de los Apóstoles de la catedral de Valencia, histórico lugar donde se reúne el Tribunal de las Aguas.

Todos hemos prometido alguna vez cambiar ciertas conductas o maneras de ser. Pero cuando éstas han echado ya raíces y han formado un carácter, es frecuente observar que todo queda en meras promesas, si no es que ponemos en peligro nuestra propia vida y, aún así, no siempre se cumple el cambio prometido. En este sentido, cuando proyectamos convivir o formar pareja con otra persona, debemos empezar por acomodarnos a su forma de ser y aceptarla tal como es. Si no lo miramos así, el fracaso de la convivencia está asegurado.

martes, 29 de junio de 2010

Patrioterismo


Siempre he tenido generosos argumentos para sentirme orgulloso de ser patriota español. Pero, desde un tiempo a esta parte, con tanto petardista, con tanto mercader de la mentira, con tanto patriotero de tres al cuarto que se dicen ser los salvadores de la Patria, empiezo a observar que tengo complejo de apátrida. España se supone que es, por evidente, la patria común de todos los españoles, sin otros prejuicios o ambigüedades a que suele inducir la doble moral y los falsos principios. No por eso, siempre hay quien, por interés partidista o por codicia inducida, niegan lo evidente y taponan todos los caminos que nos conducirían al progreso y la paz social.

lunes, 7 de junio de 2010

Maravillosa aventura


Por mi experiencia personal, escribir un libro es como embarcarte en un catamarán, empujado por la brisa, sin saber cómo y cuándo terminará la aventura, si no es que antes llega la tormenta y naufragas o te estrellas contra un arrecife. Especialmente para los que somos noveles, es también una introspección psicológica, un reto personal, tratando de encontrar los cauces que te lleven a la resolución de un proyecto. Durante ese recorrido, desde el prólogo hasta el epílogo, se dan cita toda suerte de imágenes, sensaciones y fantasías, tanto positivas como negativas, contra las que hay luchar y a veces alimentar para dar vida a un feto literario con grandes posibilidades de terminar en aborto. También hay que luchar contra los intrusos de la mente, como pueden ser los vicios de estilo, la arrogancia intelectual, las incorrecciones gramaticales, que siempre andan ocultándose al ojo y al entendimiento del autor. Al fin, después de una dolorosa y deseada preñez, bajo la supervisión de los expertos, se le puede ver gozosamente el rostro a la criatura. Al principio, tus ojos se convierten en microscopios, tratando de encontrar, para tu complacencia, la plenitud de tu obra. Pero se suele producir el efecto contrario cuando lo tienes en tus brazos y te recreas dándole una ligera ojeada. Sin poder evitarlo, siempre aparecen en preferencia los defectos. Entonces lo miras de soslayo como se mira a un desconocido, dudando de si el producto es obra de tu propia creación. Naturalmente, como ocurre siempre con los hijos, el amor termina por cubrir hasta sus más visibles defectos. Pero los defectos, que tal vez los demás no adviertan, estarán ahí para siempre señalándote con el dedo acusador.

jueves, 29 de abril de 2010

DECISIONES DE JUVENTUD


Para bien o para mal, la vocación que nos nueve a tomar decisiones cuando somos adolescentes, marca ya el rumbo de lo que ha de ser nuestra vida en el futuro. Son decisiones voluntarias que no están mediatizadas por otros motivos de distinta naturaleza que después nos va imponiendo la vida. Por tanto, si por razones ajenas a nuestra voluntad no seguimos el camino elegido, todo cuanto hacemos después no es más que poner remiendos en los rotos y rectificar rumbos equivocados, intentando retomar una iniciativa que tal vez quedó inconclusa en nuestra juventud y la llevamos dentro como una permanente tentación. En definitiva, el que no hace una carrera universitaria, el que no prepara unas oposiciones, el que no aprende un oficio o no tiene las ideas claras respecto de su porvenir cuando es joven, salvo la clásica excepción, difícilmente lo podrá conseguir cuando sea mayor: las distintas etapas de la vida se van ajustando ya a planteamientos diferentes, porque las condiciones y situaciones también lo son. Como suele ocurrir con todas las vocaciones, salvo que sean manías temporales de juventud, todas se manifiestan desde que tenemos uso de razón, y todas se van alimentando como las plantas, dejando entrever (a veces, involuntariamente), unas preferencias que nunca nos abandonarán. Por supuesto que la vida nos irá abriendo otros espacios y otras posibilidades. Pero cuando esa vocación ha crecido con nosotros y tiene personalidad propia, ocurre que ninguna modificación que hagamos tendrá ya la suficiente influencia para eclipsar la estrella que marca nuestro camino.

LAS DECISIONES

Con mentalidad de viajero incansable, la decisión estaba tomada y, sin pensarlo dos veces, cogí la maleta y me puso a andar por caminos hasta entonces desconocidos para mí, con la permanente sospecha de si mi dirección era la correcta o, por el contrario, enfilaba un camino equivocado que me llevaría al fracaso. Como siempre ocurre en estos casos, nunca sabré si aquella decisión fue la más correcta y acertada, como tampoco sabré nunca qué hubiese ocurrido en caso de tomar otra dirección. Es la gran incógnita de nuestra vida cuando somos víctimas o protagonistas de un acontecimiento que sospechamos se podría haber evitado si hubiéramos hecho esto o aquello. Lo cierto es que no podemos estar en todas partes a la vez para poder elegir entre todas las posibilidades la que más nos conviene. Las decisiones, dice el sabio, como una partida de cartas, son bazas que se juegan a merced de lo que la suerte, destreza o casualidad nos quieran deparar.

AUTÉNTICOS O SINTÉTICOS

La felicidad puede estar en todas partes y no estar en ningún sitio. Y sea cual sea nuestra elección, si viajemos en busca de nuevos horizontes, lo importante es ir siempre acompañados de nuestra personalidad íntegra y sin mutilaciones. De no ser así, no cabe duda que en la próxima estación nos encontraremos con la otra parte de nosotros que dejamos abandonada en la anterior por vanaglorias, muchas veces, sin fundamento. Somos como somos y, como decía Adriano, nuestro mejor compañero debe ser siempre nuestro propio yo; aunque a veces sea un compañero engorroso y desagradable y no tengamos más remedio que llegar a acuerdos y convivir con ese individuo incorregible hasta el fin de nuestros días.
No viajemos enmascarando una huída hacia delante huyendo de nosotros mismos en pos de la felicidad, porque no la encontraremos si no partimos con la premisa de aceptarnos como somos y edificamos nuestro futuro sobre esa base. Hay muchas personas que han malgastado su vida sembrando en terrenos baldíos con tal de recoger unas migajas que le den realce y suntuosidad, aunque sólo sea momentáneo para satisfacer una ostensible vanidad. En nuestra capacidad de saber salir de esa situación, vendremos a demostrarnos a nosotros mismos y a los demás nuestro grado de madurez mental, y si somos auténticos o sintéticos.

domingo, 18 de abril de 2010

VENDER TRIGO Y DAR CEBADA

“Todos nos manifestamos a favor de la paz,-dijo Abraham Lincoln durante la guerra – pero al usar la misma palabra, no todos nos referimos a la misma cosa”

Vengo observando en los españoles, con los que comparto la palabra, un deseo ferviente de encontrar la luz que nos mantenga en la paz y el bienestar social, en muchos casos sacrificando principios que nutren nuestros propios ideales. Yo me confieso uno de tantos y mis letras me delatan como demócrata convencido, de lo que me siento honrado. Pero, a fuer de sincero, creo que a muchas sombras de la democracia se les podría aportar luz si todos los Partidos políticos se dieran un baño de humildad y se sentaran con voluntad de establecer las bases y los límites que separan lo permisivo de lo punible, lo posible de lo imposible, la fantasía de la realidad, la demagogia de la verosimilitud. Pues viene sucediendo que los problemas los analiza cada cual desde una perspectiva interesada y diferente, según conviene cuando están en el poder o en la oposición: los criterios sobre el mismo tema cambian de forma tal que, los ciudadanos de a pie, muchas veces nos quedamos perplejos.

lunes, 5 de abril de 2010

ESOS DUENDES MISERABLES

Hay cosas en la vida que no se pueden expresar ni aprender. Tampoco las hemos invitado a formar parte de nuestro ente individual, ni las hemos elegido, ni siquiera soñado. Son esos duendes incorpóreos, extraños, que se pegan a tu cuerpo como lapas y forman parte de ti como un órgano vital. No sabes por qué te han elegido a ti, ni tampoco sabes qué buscan en ti, pero ahí siguen en silencio, confabulando y haciendo acto de presencia cuando menos lo esperas. No tienen físico, ni voz, ni vida propia, pero beben de tu sangre y se alimentan de tus hematíes, y también burlan el ejército de tus defensas, haciendo de tu organismo una Torre de Babel. Si, es algo que se posesiona y forma parte de la factoría donde se fraguan tus decisiones y proyectos, si bien es cierto que dichas decisiones o proyectos llevan todos la rúbrica de aprobado de esos duendes miserables. Otras veces me rebelo y organizo mi propia fuerza de choque, pero cuando me lanzo a la lucha, siempre hay un objetivo infranqueable que no puedo superar, detrás del cual, allí están ellos armados hasta los dientes y me obligan a regresar. Aunque hago todos los esfuerzos para no dejarme sucumbir, al fin he decidido entrar en negociaciones con ellos y hemos llegado a un acuerdo. Ellos me dejan vivir a mí, y yo los ignoro para que sigan decidiendo.

domingo, 28 de marzo de 2010

CONFESIÓN

Cuando Tino despertó de un agitado sueño después de una noche de pesadilla, no le fue agradable mirar el reloj y comprobar que ya era la hora de levantarse: se sentía un poco cansado y necesitaba algo más de reposo para comenzar el día con renovado optimismo. No obstante, como estaba enamorado de su trabajo y lo hacía con verdadero apego, casi sentía la necesidad de esbozar una sonrisa. Pero cuál no fue su sorpresa cuando pudo comprobar que era domingo y no tenía que trabajar. Así pues, se volvió a meter en la cama, y sin poder evitarlo, se le pusieron en marcha todos los mecanismos de la mente.
Lo primero que empezó por preguntarse fue lo siguiente:
-¿Si volvieras a nacer seguirías el mismo camino, o modificarías algunos aspectos de tu vida?
-En ningún caso seguiría el mismo camino y trataría de vivir más intensamente una nueva experiencia. Y en lo que a mi vida sentimental se refiere, lo borraría todo de un plumazo, cultivaría más el amor, y lo bebería sorbo a sorbo para embriagarme cada día.
-¿Has hecho algo en la vida de lo que te sientes arrepentido?
-Hay muchas, muchas cosas de las que me arrepiento, pero hay una en particular. Y no es otra que no haber podido compartir mi vida con la mujer que guarda la llave de mi felicidad.
Me arrepiento de haber malgastado mucho tiempo en divagaciones y frivolidades que no me aportaron en su día otro bien que la satisfacción del momento, a costa de descuidar otros valores y enseñanzas que la vida nos ofrece y que despreciamos cuando somos jóvenes, porque no tenemos un concepto definido de la realidad. También me arrepiento de haberme dejado llevar en determinados casos por el corazón y no por el cerebro. La vida me ha enseñado lo que no se puede aprender en los libros. Pues hay que dejar espacio al sentido común antes de tomar una decisión. Y si la decisión es muy importante, siempre hay que decidir desde una perspectiva de neutralidad y nunca como resultado de una ofuscación, miedo o resentimiento.
-¿Si tuvieras que hacer una valoración de tus logros personales sobre un baremo del 1 al 10, ¿qué puntuación te pondrías?
-Soy por naturaleza escéptico e insatisfecho y no termino de identificarme con la orientación moral de la sociedad moderna, en la que el becerro de oro se antepone a la dignidad, como si la vida fuera una competición de insultos y una juerga de poderes, para desgracia de todos. No obstante, en lo que se refiere a relaciones sociales y autoestima, me pondría un aprobado alto, el resto es la verdadera causa de mi frustración, con la agravante añadida que difícilmente podrá ser corregido.
-¿Entonces se puede decir que tienes razones para dormir en paz?
-Puedo dormir en paz porque no estoy en deuda moral o material con nadie, pero duermo con un ojo abierto y otro cerrado para que la dignidad no se me escape y por miedo a que pase mi amor y no me percate de su presencia.

lunes, 22 de marzo de 2010

PSICOLOGÍA ENGAÑOSA.

Mientras paseaba por una calle periférica de la capital, me llamó la atención un pequeño rótulo perdido entre una veintena de anuncios pegados en el cristal de la puerta de un establecimiento, en el que decía:
Se hacen limpiezas espirituales de negocios y personas”.
Aunque seguí caminando, la curiosidad no satisfecha me retuvo y me hizo regresar para estar seguro de lo que había visto y leído: me suele suceder que mis pies no obedecen hasta tanto no resuelvo mis dudas. No terminaba de entender aquello de limpieza espiritual, y mucho menos, de negocios. Al fin, una vez estuve nuevamente frente a la puerta y releí el rótulo deletreando su mensaje, sólo para satisfacer mi curiosidad, me decidí a entrar.
Me recibió una señora de aspecto exótico, con el pelo recogido en la coronilla en forma de escoba, simulando a una cacatúa, y mi primera impresión fue la de estar ante una embaucadora, convencida de que estaba prestando un eficiente servicio a la sociedad.
-Por favor –le pregunté-, ¿me podría decir usted a qué se refiere eso de limpiar el espíritu de un negocio? Porque si ya es difícil limpiar el espíritu a las personas, el espíritu de un negocio..... es que no lo entiendo.
-Pues verá... –me respondió un tanto dubitativa, pensando tal vez en la doble intención de mi pregunta.
-No repare en nada, señora, le dije, si le pregunto es porque soy comerciante y todo lo que se mueve alrededor de éste mundillo, me interesa.
-Bien, pase, pase -me invitó a entrar mientras me indicaba con la mano la puerta de su despacho.
Una vez sentados, frente a frente, comenzó a desgranar el secreto que, bajo su mágica dirección, conseguía liberar a cualquiera de sus remordimientos e influencias negativas.
-Hasta aquí todo perfecto, señora –la interrumpí-, pero la incógnita sigue abierta y no veo que usted me indique el camino para llegar a la verdad. Insisto: quiero saber cómo se limpia el espíritu de un negocio.
-Muy fácil, señor -me contestó ésta vez convencida de que sacaría tajada-, si usted tiene problemas personales, adopta prácticas ilegales, maneja dinero negro o defrauda al fisco, esa inquietud que le atormenta se traduce en la negación del éxito. Todo ello perjudica el buen funcionamiento de su empresa, para lo que nosotros le sometemos a unos cursos de contenido psicológico que le mantendrá ausente de problemas cuando aprenda a disociar lo personal de lo meramente comercial.
-Eso puede ser cierto, señora -le dije-, pero no me negará que lo que realmente cuenta es estar en paz con la sociedad y con la justicia.
-Por supuesto que sí –me contestó-, pero en la vida, como usted sabe muy bien, lo que verdaderamente nos hace sentir felices es cuando estamos en paz con nuestra conciencia.
Un reflejo de pudor y moderación me impidió que gritara al oír semejante barrabasada, por lo que, evitando cualquier asomo de menosprecio, le contesté:
-Gracias, señora, ahora lo entiendo. Y adelantando la mano buscando la suya para despedirme, un pensamiento reflejo me llevó a pensar, una vez más, que el mundo está plagado de pícaros y bribones que viven al socaire de los ignorantes.