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jueves, 7 de marzo de 2013

EL AGRICULTOR, el mejor ejemplo



Aunque la clase política no lo termina de asimilan, la experiencia nos dice que en la vida hay que estar siempre prevenidos para hacer frente a cualquier adversidad, que puede venir por diferentes razones. También es cierto que la posibilidad de solución de un problema, viene siempre determinado por la pericia del afectado y por la dimensión del mismo. Pero son los agricultores que viven de la explotación y cultivo de sus tierras, los que nos pueden dar el mejor ejemplo de cómo se administra una crisis económica para poder subsistir hasta la próxima cosecha. Posiblemente sean los agricultores los que más sufren la eventualidad de sus ingresos, dado que sus cosechas están permanentemente expuestas a los efectos de fenómenos atmosféricos y otras adversidades que no pueden controlar. También juega siempre en su contra que en la cadena de producción, los agricultores son los peor pagados, mientras que los intermediarios sin escrúpulos, sin dar un palo al agua, se llevan el fruto de su trabajo. Pese a todo, los agricultores tienen asumido que, en la medida de sus posibilidades, en tiempos de vacas gordas, es preciso alimentar la hucha para hacer frente a las envestidas y estragos de las vacas flacas. De lo contrario, su economía y supervivencia no podrían superar un año de adversidad, por lo que su ruina sería irreversible sin posible solución.
En definitiva, si los responsables políticos observaran esas normas de conducta, y la riqueza que se ha generado en España durante treinta años de democracia se hubiera administrado y controlado honestamente. Si los pingües beneficios que ha producido el ladrillo no hubieran caído en manos de avaros deshonrados. Si la falta de diligencia de los gobernantes de turno no hubieran permitido la creación de una oligarquía parasitaria y corrupta. Si algunos dirigentes políticos no hubieran despilfarrado el dinero público en eventos y construcciones fastuosas para satisfacer su vanidad, y también su bolsillo, es evidente que la prima de riesgo en España hubiera sido una anécdota, y la presión de los mercados financieros tampoco hubieran tenido tanta influencia en nuestra economía, lo que nos ha llevado a la ruina.
Es evidente que la política en sí no es corrupta: son los hombres corruptos los que hacen de la política un pozo de putrefacción, que urge higienizar de inmediato hasta acabar con la pandemia que nos amenaza cada día.

2 comentarios:

Miguel Bueno Jiménez dijo...

Mucho le queda aún por aprender a la clase política, y por lo que vemos, marean la perdiz, pero no se bajan del burro.
Abrazos
Piedra

Cayetano Bretones dijo...

Gracias Miguel. Tienes razón, ellos van a lo suyo. Un abrazo.