Mi querido amigo: Cuando te dispongas a leer esta carta, debes empezar a pensar que no es un simple combinado de letras y frases huecas sin el menor interés. Piensa que esta carta que tienes frente a tus ojos es de un amigo, en el que puedes confiar. Un ser humano que sufre, ríe y llora como tú, y que también disfruta de las pequeñas cosas como tú. Y no quiero hacerte llegar esta carta en forma de cuento o de poema arropado de metáforas; lo quiero hacer en prosa, sin pavoneos literarios para no desviarme del verdadero sentir de lo que pretendo decir. Tampoco es mi intención hacer de esta carta, de ninguna manera, apostolado de mi verdad, y mucho menos sentar cátedra: simplemente es el resultado de mi experiencia personal.
Porque esa era mi intención, me quiero referir al ajetreo que implica vivir, a la lucha del día a día para hacer frente, a lo que yo llamo, la vida y sus jugarretas. Sí, amigo, la vida se compone de jugarretas, a las que hay que hacer frente, sin que la flaqueza o el miedo nos dobleguen a sus caprichos. No pensemos nunca que somos víctimas, pensemos siempre que somos competidores por una causa, con grandes posibilidad de vencer. Ante las jugarretas de la vida no claudiquemos nunca; porque además de ser una cobardía, siempre nos quedará la duda de si, al abandonar, perdimos la oportunidad de nuestra vida, a la vez que podemos hacer daño a las personas que nos quieren o nos aman. Es por eso que el despertar de cada día nos debe servir de impulso para que el salto sea de mayor altura. Pese a quien pese, nadie es imprescindible en este mundo, y todos tenemos una función que cumplir porque formamos parte del engranaje que mueve la vida.
Entendiendo que la buena o mala suerte es una circunstancia casual, en nuestras manos está, muchas veces, orientar las circunstancias en una u otra dirección, siempre que la buena o mala suerte nos venga impuesta por razones en las que podamos tener dominio para corregir su trayectoria. Es decir: todo lo que tiene que ver con los problemas materiales, aunque a primera vista nos pueda parecer imposible, siempre hay una posibilidad o es susceptible de solución. Otra cosa es cuando se trata de un imprevisto, como puede ser la pérdida de un ser querido, una enfermedad o cualquier otra circunstancia, en la que toman parte el amor o los sentimientos más íntimos. De todas formas, ahí debemos estar nosotros en forma de voluntad y esperanza para sobreponernos y buscar los cauces para combatir el dolor. La voluntad y la capacidad de lucha es siempre la mejor arma para defendernos de los intrusos de la mente y el corazón.
Naturalmente que hay quien se cree desgraciado porque sí y se hace microscópico, porque “todo lo contempla desde la hondonada, haciendo que la montaña de sus problemas adquiera mayor altura.” De ahí que sea negativo encerrarnos en sí mismos y hacer del nuestros problemas un secreto inconfesable. Por supuesto que el mutismo y el aislamiento voluntario pueden ser también una más de las opciones humanas, pero esa actitud suele ser nociva para nosotros mismos y para las personas que nos rodean.
Con el deseo de que la crisis devuelva pronto la felicidad y la esperanza a los que les fue hurtada, mis mejores deseos de salud, trabajo y fortaleza para todos.

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