Si la justicia es igual para todos, como se suele decir, que
no cumplir, urge consensual una Ley de Partidos que recoja una equitativa
proporcionalidad para dar a todos los votos el mismo valor en todas las
circunscripciones electorales de España. Asimismo, es de vital importancia
despolitizar el Tribunal de Cuentas, dotando a éste organismo de auditores
independientes para que las luchas intestinas dejen de ser un freno a la hora
de investigar la financiación de los partidos políticos.
También es clamorosa la demanda social de la limitación de
mandatos, pues ningún político debería permanecer en un cargo más de dos
legislaturas.
Sin la menor duda, llegada esa posibilidad de reconocimiento
oficial, se daría paso a la apertura de un debate político con más cobertura
social, dando oportunidad a las minorías, evitando así los decretazos y
los abusos de poder de los dos grandes bloques.
Aunque es de sensatos no generalizar, desde que se
instauraron las ansiadas Comunidades Autónomas en España, el mapa político
nacional ha derivado en un vivero de oportunistas sin probadas garantías personales
para desempeñar un cargo público con un mínimo de eficacia y responsabilidad.
Tal como ha quedado demostrado en innumerables casos, muchos de estos oportunistas,
sin otros méritos que su filiación a un partido, sin vocación política, ponen
más interés en defender sus intereses personales que en trabajar por el bien
común.
Por otro lado, las fundaciones y asociaciones que han
proliferado ostensiblemente desde que
disfrutamos de democracia en España, en mayor o menor cuantía, todas son subvencionadas
con dinero público. Es cierto que muchas de ellas vienen haciendo una labor
encomiable, pero también es cierto que otras muchas no prestan ningún servicio
de utilidad pública, como es el caso de la Fundación Franco
y Faes. Lo cierto es que, detrás o delante de cada asociación o fundación, suele
haber un partido político esparciendo su semilla, con la esperanza de que caiga en tierra fértil para
recoger su fruto en futuras contiendas electorales.
Son muchas las circunstancias en las que podemos encontrar
el origen del dispendio del dinero público y la corrupción, lo que ha
llevado a media España al hundimiento moral
y económico en que nos encontramos hoy. La otra media se enriquece más y más, mientras se recrean en
su obra, respecto de lo que ellos entienden por justicia social.
Haciendo un símil en lenguaje informático, al estilo de lo
que sucede con los ordenadores, dado a la situación actual, la clase política
española precisa de un formateo minucioso y profundo para eliminar los virus y
residuos tóxicos que puedan dañar los archivos del sistema.
A todo esto, llega Rajoy y dice: “Estamos lejos, pero
tenemos tierra a la vista”.
Si Rodrigo de Triana levantara la cabeza, seguro que le diría:
Señor presidente, sólo un capitán miope puede confundir un nubarrón con la
tierra.
El señor ministro, Luis de Guindos (con el 25% de
parados y la mayoría, de larga duración), nos deja otra perla para la
posteridad, cuando dice: “Los españoles ya no tienen miedo a perder el
trabajo.” Reímos o lloramos. ¿Qué
hacemos?
Cabre

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