La democracia, vista desde la dictadura, es un sueño, casi divino, que te transporta al paraíso. Pero cuando despiertas te das cuenta de que los sueños, sueños son. Cayetano Bretones
lunes, 27 de octubre de 2008
Cuando me asigné el nombre de GORE para firmar mis textos o comentarios, pensé que me encontraba solo en la red. Pero cuando me doy un paseo virtual, me encuentro que hay cientos de blogs que firman igual que yo. Así pues, sin recurrir a la iglesia ni al juzgado, hoy me bautizo con el nombre de CABRE, para todos los efectos.
viernes, 24 de octubre de 2008
INFLUENCIA DE LOS TÓPICOS

Cuando por distintas razones nos creemos con capacidad para juzgar a los demás, si no es que hemos sacado conclusiones irrefutables para emitir un juicio objetivo a través de una larga convivencia, nos podemos encontrar con sorpresas que son la paradoja de lo que realmente imaginamos. Es decir, el modelo en el que ponemos los ojos se puede desmoronar, especialmente cuando nos empeñamos en mantener una opinión, sin una base firme que acredite nuestra valoración respecto de las personas o las cosas. Y esto nos ocurre hasta el punto que, cuando nos empañamos en imprimir en algo o alguien la marca de bueno, malo, regular, o cualquier otro calificativo, es muy difícil desviar la orientación de los afectos o desafectos cuando se contagia a la sociedad. Por esta razón, me resisto a creer en la clasificación permanente de los héroes, de los cobardes, de los buenos, de los malos, de los santos, de los leales, de los traidores, y también de los valientes: como dijo alguien (sirva como ejemplo), "el valiente no es un ser extraordinario, sino que hace algo extraordinario en un momento extraordinario".
Nadie es virtuoso las veinticuatro horas del día, ni tampoco es un degenerado durante el mismo período. En todo caso creo en la conducta de la gente y la honestidad que se desprende de dicha conducta por su condición natural en el día a día que es, creo, lo que nos diferencia a unos de otros y lo que imprime en última instancia el grado de valor moral que cada persona goza y merece. Un sólo hecho extraordinario a lo largo de toda una vida que acreditan a una persona como tal, no convalida ni da derecho a nadie para arrogarse o arrogarle un reconocimiento o descrédito público que se irá con él a la tumba. Hay que tener en cuenta que todos podemos actuar en contradicción al calificativo por el que somos censurados o alabados. En definitiva, nadie es tan malo como su enemigo dice, ni tan bueno como su madre alardea, sino que es, muchas veces, lo que se nos antoja o nos complace que sea
miércoles, 22 de octubre de 2008
¿AHORA NOS LAMENTAMOS?

Resulta extraño que en este país tan dado a calibrar a los ciudadanos por sus valores morales y cívicos, ocurran cosas tan sorprendentes y contradictorias. Y son sorprendentes hasta el punto que se percibe un brote de esquizofrenia colectiva que empieza a ser preocupante.
La creciente degradación del planeta, apoyado por políticas voraces y poco respetuosas con el medio ambiente, es ya una amenaza mundial, que los científicos vienen anunciando desde hace varias décadas. Las medidas correctoras dictan mucho de ser cumplidas de forma rigurosa, ya que la expansión del ladrillo y el beneficio fácil, por excesiva permisividad urbanística, se han venido afincando en las cavernas del dinero, donde no se entiende el progreso si no es invadiendo territorio, aunque ese progreso sea la guillotina que un día nos puede decapitar.
En la Comunidad Valenciana, por ejemplo, el cemento ha crecido cinco veces más que en la UE, por lo que Europa formalizó en su día denuncia contra el urbanismo valenciano. Pero sus dirigentes no se inmutaron ni se dieron tampoco por aludidos, más bien todo lo contrario, se recreaban presentando su atropello como un avance del desarrollo económico. No en vano, de sus 476 kilómetros de costa sólo quedan 154 y 34 de estos kilómetros ya no tienen ninguna protección. La invasión de 2000 a 2006 ha sido entre 16.000 a 25.000 Has, lo que hace que la Comunidad Valenciana sea la región que más alto riesgo tiene de desertización de todo España. Y lo sorprendente es que cuando se frena la invasión de territorio y se ralentiza la construcción salvaje, nos amenazan diciendo que será ruinoso, ya que repercutirá en perjuicio de la economía.
No deja de ser alarmante que entre los años 1990 y 2005 se haya construido en España tanto como en Francia, Alemania y Reino Unido juntos, mientras que la vivienda de protección oficial sigue bajo mínimos y pasa a ser de dominio de los especuladores para enriquecerse, mientras que los jóvenes y trabajadores han caído en las garras de bancos e inmobiliarias y son hipotecados para el resto de sus días.
Ante esta situación de río revuelto, de un modo montaraz, la codicia ha permitido amasar grandes fortunas mediante comisiones, apropiación de plusvalías y otras chapuzas, ya que algunas comunidades han dejado en manos privadas sus competencias. Todo ello ha provocado que muchos bribones resulten incriminados en delitos de corrupción, enviándoles a prisión en unos casos, o quedando en libertad bajo fianza, en otros. Lo cierto es que, indicios, lo que se dice indicios, los hay y muchos, especialmente a lo largo y ancho de la costa levantina y Andalucía. Pero aún se viene dando otro fenómeno. Y es que, varios inculpados han salido reforzados por el voto popular en las pasadas elecciones municipales y autonómicas, inclusive con mayoría absoluta, como el caso Fabra en Castellón, lo que parece ser que les da derecho a ser amnistiados de sus procesos judiciales.
Cuando todo esto sucede, digo, en lugar de manifestar los ciudadanos públicamente su repulsa y protesta, exigiendo castigo para estos presuntos, y no presuntos imputados, algunos ciudadanos se echan a la calle defendiendo su inocencia, a la vez que se manifiestan contra la decisión de los jueces. Esto es: con su actitud nos están diciendo que los que realmente prevarican son los jueces en beneficio de otros intereses. Pero admitiendo que los jueces son humanos y que también se puedan equivocar, cuando se habla de cientos de casos punibles de esta naturaleza, siempre será más fiable la palabra de la justicia que la de un imputado o sus defensores.
Es evidente que la democracia protege a cualquier inculpado y le da derecho a defenderse para demostrar su inocencia o para aplacar las iras de la justicia. Pero llevar a la calle la protesta en defensa de los corruptos ya imputados judicialmente o recibirles como héroes cuando salen de prisión, como el caso de Julián Muñoz, es tanto como cuestionar la existencia misma de la democracia, o tener que admitir que nos estamos volviendo todos absolutamente locos.
domingo, 19 de octubre de 2008
ESTIRPE DE LA VERDAD

Hay verdades universales, hay verdades nacionales, hay verdades regionales; y también hay verdades de andar por casa.
Las verdades universales prenden en la sociedad y se posesionan en la memoria con el derecho a ser recordadas como un referente en tu vida. No es una verdad que busca justificación para acomodarse a sentimientos partidistas, ni tampoco por el placer de demostrar nada, sino que, con la sencillez y pureza de un razonamiento irrebatible, expresa el sentir de la mayoría de la sociedad.
Las verdades naciones se sostienen sobre la base de principios establecidos por las clases dominantes, intentando demostrar que la jerarquía y la nobleza son los depositarios de la verdad absoluta, Pero no es una verdad que responda a la verdad, máxime cuando la historia nos niega la verdad.
Las verdades regionales, con ser igualmente sólidas, cuando se impregnan de patrioterismo delirante y se hacen garantes de todos los valores públicos y privados, terminan por confundir a la sociedad, lo que hace que la verdad no encuentre una base sólida que le sostenga erguida.
Por último están las verdades de andar por casa: son esas verdades que las vestimos y las desnudamos cada día para darles la imagen y el sentido que a nosotros nos conviene que tengan en cada momento y cada situación. No importa que pierdan su identidad y entren en contradicción, lo que interesa es crear opinión respecto de algo o de alguien, favorable o perjudicial, según conviene a nuestros intereses.
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