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lunes, 24 de febrero de 2014

Homosexualidad


           
      Sin la menor duda, los homosexuales vienen sufriendo las humillaciones menos justificadas y que más debate despierta en buena parte de la sociedad. Dicha condición sexual, a través de los tiempos, es objetivo permanente de las personas y colectivos más reaccionarios, los que con un deseo constante de revalidar su condena, han empleado el odio como arma arrojadiza contra ellos. Es denigrante que en el siglo XXI, los homosexuales sigan viviendo aún con la inquietud del que oculta celosamente un estigma o un secreto inconfesable. Y para los familiares que lo viven con ellos, parece ser que todavía supone un holocausto sufrido en silencio, esperando la afrenta pública llegado el momento de desvelar el secreto o salir del armario. En este sentido, aflora la inevitable pregunta: ¿La homosexualidad altera de alguna forma el orden de la vida? ¿Encontramos algún responsable de dicha condición sexual? 
De ninguna manera podemos marginal y demonizar a nadie por una condición que es obra exclusiva de la naturaleza. Las clasificaciones o calificaciones las hacen los hombres, y nada de lo que hace el hombre es mera casualidad, sino causalidad.
Fundamentan su rechazo en la injustificada creencia de que la homosexualidad es un vicio pernicioso y depravado, o una fatal enfermedad de posible curación, como vienen predicando algunos obispos, sin más fundamento científico que su irracional creencia de que sólo ellos están en posesión de la verdad. También el cura leonés, Jesús Calvo, con el más absoluto desprecio a la verdad y a los hábitos que viste como doctor de la Iglesia Católica, ha dicho que el cáncer que padece Pedro Ceroso es un castigo divino por su condición de homosexual. Es increíble que esa insultante maldad la diga un señor que ha pasado su vida predicando la doctrina de Jesucristo.
Por estas y otras razones, contrariamente a lo que se suele decir, cuando jugamos a ser justos y tolerantes, en esta sociedad plagada de hipocresía, se deja ver con frecuencia la educación sesgada y torticera que hemos recibido al respecto con raíces ancestrales. Y siendo especialmente realistas, aunque no se manifieste públicamente, sólo una minoría de gente considera la homosexualidad una práctica sexual normal. Pero es que la homosexualidad no es una opción, sino una condición, lo mismo que podemos ser rubios, morenos, altos o bajos. Está demostrado que un niño o niña que, lógicamente, no entienden de sexo, y mucho menos de promiscuidad, criados y educados por lesbianas u homosexuales, pueden desarrollar perfectamente tendencias heterosexual.
 Es un derecho pedir cada cual lo que cree le pertenece, pero entiendo que siempre debemos hacerlo desde nuestra posición de personas como ciudadanos del mundo. Si queremos y buscamos una sociedad equitativa, moderna e igualitaria, no podemos ni debemos hacerlo en grupos separados, diferenciando a hombres de mujeres, homosexuales de heterosexuales, o negros de blancos. Es necesario trabajar por la democratización de la sociedad, representada en el Parlamento o en las instituciones públicas destinadas a defender los derechos de todos los ciudadanos por igual. Es hora de hablar de personas y sesos y no de sexos. Nuestro énfasis lo debemos poner, todos unidos, en presionar a los gobiernos de turno para que promulguen leyes sin diferenciarnos a unos de otros,  sin dejarse influenciar por presiones mediáticas de instituciones con poder social. Pues suele suceder que en muchas de estas instituciones, encontraremos precisamente a los que se rigen todavía por criterios retrógrados, homófonos y  totalitarios que no aceptan las reglas de una sociedad moderna y democrática.

Cabre                                         

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