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domingo, 23 de marzo de 2014

Puntadas al viento



 “Donde hay mentira no hay esperanza”.
“Con la mentira suele irse muy lejos, pero sin esperanza de volver”.
Son verdades inamovibles que definen perfectamente, en el aspecto político, la situación que vivimos actualmente en España.  
Desgraciadamente, por interés o por miedo, “los hay que bendicen antes la mentira de un infame que la verdad de un santo.”


Es cierto que siempre han existido filántropos que han dedicado su vida y su obra para intentar hacer un mundo más habitable para todos, lo que ha sido loado y enardecido por la gran mayoría de la sociedad.
Pero si con el paso del tiempo sus obras se posesionan en la sociedad con categoría de derechos, pronto aparecerá la astucia destructora de los mentirosos, acusándoles de practicar la argucia en beneficio propio, por lo que en adelante justificarán su rechazo y se encargarán de destruir su obra para cortar las alas a la justicia social.


 La liberación para muchas personas sigue siendo un sueño, una utopía más en la vida por lo que, en cierto modo, nunca dejaron de existir los esclavos. Esclavos premeditadamente necesarios para alimentar la codicia de los poderosos.  Pero no, los poderes financieros y políticos ya no están interesados en crear esclavos con cadenas y grilletes. Sus preferencias están cimentadas en la enfermiza obsesión de anular la personalidad de la clase trabajadora para conducirlos como a una manada de borregos, trabajando de sol a sol, pero sin derechos y, si es posible, sin cultura y sin capacidad para decidir.

Los recortes en la educación y el raquitismo de los salarios y pensiones, ha sido siempre en España una obsesión enfermiza de las políticas neoliberales.

La Iglesia ha venido luchando inmisericorde contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Y cuando el PP ha conseguido mutilar la enseñanza, los obispos ya podrán dormir tranquilos para así poder “adoctrinan libremente el rebaño.”

Con la educación y la sanidad privadas, menos becas, menos profesores, menos ciencia, menos médicos y personal sanitario, menos salud y menos democracia. Al fin caminamos hacia una España de tarados psíquicos e indigentes culturales.

En un Estado democrático, es evidente que todos tenemos derecho a elegir las opciones políticas que supuestamente pueden colmar nuestras aspiraciones ideológicas. No obstante, suele suceder con generosa frecuencia que las ideologías de muchos ciudadanos van por un lado y sus necesidades económicas por otro, por lo que raramente sus aspiraciones se ven cumplidas. Se suele decir que cuando un  trabajador vota a la derecha, es como tirar piedras a su propio tejado. Pero no importa, “un tonto siempre encuentra a otro tonto que lo admira”.

“Discrepo de tu opinión, pero lucharé hasta la muerte para que tú te puedas expresar libremente.”
¿Pero realmente respetamos los derechos de los demás declinando  los nuestros?
Si hago esta reflexión, no es por otra razón que la de terminar de una vez con los discrepancias sociales que vienen impidiendo que la Historia se abra al conocimiento de todos. Nos guste a no nos guste, la verdadera Historia de los pueblos es para leerla y para aprender de ella. Otra cosa es que la mentira la tergiverse o la oculte en beneficio de intereses bastardos.
Cayetano Bretones


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