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jueves, 25 de septiembre de 2008

SUBIR O BAJAR


Cuando logré coronar la cresta de la montaña, cargando sobre las piernas un ejercicio poco habitual, un pensamiento instintivo me llevo a la siguiente reflexión:
Ahora entiendo por qué es tan difícil subir, escalar una cima, ascender hasta conseguir la meta, alcanzar la gloria, escalar la cúspide del poder, de la fama, llegar a lo más alto. Y es que, para alcanzar la gloria en cualquier faceta de la vida, no se puede hacer en escaleras mecánicas, ni ascensores, ni otros medios aeronáuticos. La gloria se alcanza a golpes de trabajo y fatiga, peldaño a peldaño, con sacrificio, con dedicación y entereza. Si no es así, corremos el riesgo de quedarnos a mitad de camino, o precipitarnos al vacío si no podemos mantener el equilibro cuando nos vemos arriba.

Bajar o descender, por el contrario, suele ser un ejercicio menor. Se puede bajar por inercia, se puede bajar volteando sin apenas esfuerzo, se puede bajar a las cloacas de la corrupción sin sacrificio y sin otros conocimientos que la osadía. Te puedes hundir en la miseria de los más nocivos vicios, y puedes caer en el pozo de la ruina económica o moral sin red para amortiguar la caída. Es evidente que bajar es mucho más fácil, tan fácil que puedes descender al abismo de la desesperación, con pena y sin gloria.

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