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viernes, 12 de septiembre de 2008

EL DILEMA




Sin ánimo de inclinar la balanza en beneficio de los ideales o creencias, y sí en defensa de la verdad, he llegado al convencimiento de que no todos los progresos en democracia van encaminados a beneficiar al indigente o necesitado. El derecho a estar bien informados por los medios de comunicación, unas veces con verdad y otras veces infectados de mentira, está menoscabando en la sociedad el sentido de la solidaridad y el generoso deseo de ayudar a los más necesitados. Mientras que la TV y la prensa escrita y hablada ponen su acento en ciertas noticias para lucro empresarial o personal, están creando también todos los ingredientes que son necesarios para que la sociedad ponga sus ojos y su mente en los marginados, olvidando así al golfo de guante blanco y levita.
Cuando uno pasea por la calle y te sale al paso una persona que te tiende la mano en demanda de ayuda, lo primero que se nos viene a la cabeza es que estamos ante un drogadicto, un vago que no quiere trabajar, o un perdido que sólo pide para satisfacer sus vicios o caprichos. Todo menos pensar que puede ser un padre de familia o un segregado de la sociedad que no encuentra salida a su angustiosa situación económica. El dilema que se nos plantea consiste en saber si estamos ante un golfo o una persona honesta que está en apuros económicos. Y es aquí donde aparece la conciencia con su carga de satisfacciones o reproches, cuando no actuamos con arreglo a los principios aprendidos. Pero aún me queda una pregunta por hacer: ¿De verdad existe la conciencia? Porque lo que para unos es motivo de arrepentimiento y pesar, suele proporcionar a otros la satisfacción del deber cumplido.

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