Hay que distinguir entre prudencia y coherencia.
Según declaraciones de nuestra vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, “la reina Sofía es muy querida y respetada, dentro y fuera de España, porque ha realizado su tarea de manera impecable”. Eso es algo que muy poca gente ponía en duda. Pero también es cierto que la vicepresidenta hubiera quedado mejor, si a renglón seguido hubiese dicho que las declaraciones de la reina, aparecidas en el libro de Pilar Urbano, están fuera de lugar. Sin embargo, se entiende que por su responsabilidd política y tal vez por prudencia, para no echar más leña al fuego, se ha puesto de su lado, lo que puede entenderse que da su aprobación, igualmente que ha hecho el Presidente Zapatero, por la misma razón.
Si como parece ser, todo se limita a un juicio libre y personal, también nosotros, los ciudadanos de a pie, tenemos el derecho a manifestar, con todo respeto, que no estamos en absoluto de acuerdo. Entre otras cosas, ese tipo de manifestaciones, a estas alturas de la historia de la democracia, sólo contribuyen a dar oxígeno a los intolerantes, máxime cuando son leyes ya aprobadas democráticamente en el parlamento nacional.
Es cierto que la autora del libro, Pilar Urbano, por su condición de conservadora, si algún párrafo era susceptible de rectificación antes de pasar a imprenta para no levantar polvareda, seguro que en ningún momento ha tenido intención de hacerlo. Pues lo que la reina le dictaba, era lo que ella quería oír, por su propio interés.

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