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domingo, 16 de noviembre de 2008

TELEVISIÓN BASURA

No cabe duda que la corrupción es el virus que más contamina a la sociedad. Pero es doblemente dañina cuando hablamos de nuestros representantes elegidos y avalados por la legitimidad del voto. Tampoco se puede decir que el fenómeno de la corrupción sea una metástasis que invade a toda la clase política en general, pues no sería justo. Por tanto, son ellos, los cleptómanos, los que peor ejemplo dan a las generaciones que crecen, a la vez que hacen que se vaya perdiendo confianza en las instituciones públicas. En este sentido, difícil se lo ponen a los padres para inculcar valores morales a sus hijos. No hay que olvidar que, con frecuencia, se les acusa de permisividad y flaqueza de carácter a la hora de establecer normas educativas en la familia.

Julián Muñoz y Roldán, por ejemplo, después de expoliar el Ayuntamiento de Marbella y los Fondos Reservados, respectivamente, ya se pasean por la calle como héroes que vuelven de la guerra cargados de condecoraciones. Pero es que, además, eso que se llama televisión de la entrepierna, con el maldito ladrillo como fondo, ya se los rifan y pugnan por ofrecerles programas por el “módico precio” de trescientos mil euros (cincuenta millones de pesetas) Y todo eso para que sigan contando sus mentiras, ya que el dinero sustraído no aparece por ninguna parte.

Que la mentira consciente y premeditada se convierta en un espectáculo para beneficio de los corruptos y de las televisiones basura, es una ventana abierta a la tentación y una burla para todos los ciudadanos. Se mire como se mire, eso no es otra cosa que hacer apología del bandidaje, lo que debería estar tipificado como delito. Una cosa es legislar y otra muy diferente educar, desde el respeto, para la convivencia en paz.

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