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miércoles, 23 de diciembre de 2009

EL HOMBRE MASA

Es un hecho constatado que, en determinados casos, el hombre adopta comportamientos que lo despojan de personalidad y raciocinio para controlar sus impulsos primitivos hasta la desobediencia absoluta, sin una razón aparente que dé sentido a su acción.
Si buscamos la razón de ser de esta locura colectiva, hemos de empezar admitiendo que no se ajusta a unos parámetros determinados, ni a grupos que se identifiquen con razas específicas, culturas, religiones o castas. Es un virus de naturaleza mal conocido que puede infectar a cualquiera que esté predispuesto a ser inoculado.
Como decía Ortega y Gasset, en términos generales, “lo primero que encontramos en un hombre cuando se hace masa es la semejanza de comportamientos: sólo les falta la uniformidad de indumentaria para ser en todo exactamente iguales”, y de hecho son una misma cosa, sólo que divididos a favor o en contra en bandos contendientes. En este sentido, los hombres suelen ser sumisos y se dejan conducir, muchas veces, sin reparar en los peligros que le acechan, bien sea por intereses políticos, deportivos, religiosos o de otra índole, de lo que se toman buena nota los organizadores o cabecillas que medran al amparo de la debilidad que invade a todo el que cae en un apasionamiento desmedido, aportando todos los ingredientes necesarios para mantener viva la llama de la rivalidad o defensa a ultranza de los fines que se persiguen. Tampoco faltarán adornos y señuelos emblemáticos que enardecen el ánimo, y que forman parte de nosotros mismos, según consta en nuestra memoria por enseñanzas recibidas con reiteración desde que tenemos uso de razón. Naturalmente, toda esta tramoya orquestada intencionadamente, induce a los participantes a dar su vida si es preciso en defensa de sus símbolos y colores con más vehemencia y pasión que si de sus propios intereses se tratara. Por otro lado, se observa que el hombre, para evadirse de sus frustraciones, lo suele hacer en unión de otros que tienen la misma percepción de las cosas, hasta formar un grupo que permite refugiarse unos en otros, sin que por ello se lo tenga en cuenta la sociedad. No sucede así cuando dicha conducta es individual, porque ese mismo comportamiento sería objeto de repulsa y aislamiento como un peligro social, pues se aleja de lo que es la conducta normal de un hombre cuerdo.
Según nos dice Juárez en una de sus famosas leyes, parece ser que cuantas más personas participan en un acontecimiento, menos inteligentes se vuelven todas ellas.

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