Porque la vida no sea una carrera de insultos y una pugna de poderes, hagamos votos para que se produzca el milagro y las tinieblas
se diluyan en muchas mentes oscurecidas por intereses bastardos.
Porque la mentira no gane nunca la batalla a la verdad.
Porque los derechos humanos no se vean pisoteados por intereses de mercado y por oportunistas sin escrúpulos.
Porque los corruptos y los bribones no pasen de puntillas ante los ojos de la justicia.
Porque la dignidad no se compre y se venda al mejor postor como una mercancía.
Porque la emancipación del hombre sea por fin un derecho de todos, hágase la luz en la conciencia de los intolerantes.
Porque el ejercicio de la paz, del derecho y la libertad, no sea nunca motivo de ajuste de cuentas.
Porque las cavernas del dinero y el poder económico asuman de buena fe que el trabajador tiene derecho a reivindicar su dignidad.
Porque los dirigentes políticos no se empeñen en hacer tormenta de la bonanza y bonanza de la tempestad.
Porque todos estamos nivelados por la muerte, hagamos del bien y la tolerancia un acto de fe y esperanza.
Porque es vacuo e hipócrita predicar para la galería, eduquemos con el ejemplo para la paz y la vida.
Porque no se haga de los poderosos una especie protegida.
Porque salga el sol para los que están condenados a vivir en la oscuridad con un horizonte sin futuro.
Porque desaparezcan las inicuas discrepancias que adulteran la naturaleza y el ser como tal.
Porque los mares de impudicia se hacen irrespirables en todo el mundo, purifiquemos las aguas para que el ser humano no perezca contaminado.
Porque los niños no sean pacto de la codicia de los explotadores, respétense sus derechos para hacer de ellos hombres respetuosos y tolerantes.
POR UN MUNDO MEJOR PARA TODOS
La democracia, vista desde la dictadura, es un sueño, casi divino, que te transporta al paraíso. Pero cuando despiertas te das cuenta de que los sueños, sueños son. Cayetano Bretones
viernes, 19 de diciembre de 2008
jueves, 11 de diciembre de 2008
MERCADERES DE LA MENTIRA
Mientras paseaba por una calle periférica de la capital, me llamó la atención un pequeño rótulo perdido entre una veintena de anuncios pegados en el cristal de la puerta de un establecimiento, en el que decía:
“Se hacen limpiezas espirituales de negocios y personas”.
Aunque seguí caminando, la curiosidad no satisfecha me retuvo y me hizo regresar para estar seguro de lo que había leído; pues me suele ocurrir que mis pies no obedecen hasta tanto no resuelvo mis dudas. Sinceramente, no terminaba de entender aquello de limpieza espiritual, y mucho menos de negocios. Al fin, una vez estuve frente a la puerta y releí el rótulo deletreando su mensaje, sólo para satisfacer mi curiosidad, me decidí a entrar.
Me recibió una señora de aspecto exótico, con el pelo recogido en la coronilla en forma de escoba, simulando a una cacatúa, y mi primera impresión fue la de estar ante una embaucadora, convencida de que estaba prestando un eficiente servicio a la sociedad.
-Por favor –le pregunté-, ¿me podría decir usted a qué se refiere eso de limpiar el espíritu de un negocio? Porque si ya es difícil limpiar el espíritu a las personas, el espíritu de un negocio....., es que no lo entiendo.
-Pues verá... –me respondió arrastrando las palabras, un tanto dubitativa pensando, tal vez, en la doble intención de mi pregunta.
-No repare en nada, señora –le dije-, más bien le pregunto porque soy comerciante y todo lo que se mueve alrededor de éste mundillo, me interesa.
-Bien, pase, pase -me invitó a entrar mientras me indicaba con la mano la puerta de su despacho.
Una vez sentados, frente a frente, comenzó a desgranar el secreto que, bajo su mágica dirección, conseguía limpiar a cualquiera de sus remordimientos e influencias negativas.
-Hasta aquí todo perfecto, señora –la interrumpí-, pero la incógnita sigue abierta y no veo que usted me indique el camino para llegar a la verdad. Insisto: quiero saber cómo se limpia el espíritu de un negocio.
-Muy fácil, señor -me contestó ésta vez convencida de que sacaría tajada-, si usted tiene problemas personales, adopta prácticas ilegales, maneja dinero negro o defrauda al fisco, esa inquietud que le atormenta se traduce en la negación del éxito o del buen funcionamiento de su empresa, para lo que nosotros le sometemos a unos cursos de contenido psicológico que le mantendrá ausente de problemas, cuando aprenda a disociar lo personal de lo meramente comercial.
-Eso puede ser cierto, señora –le dije-, pero, lo que realmente cuenta es estar en paz con la sociedad y con la justicia.
-Por supuesto que sí –me contestó-, pero en la vida, como usted sabe muy bien, lo que verdaderamente nos hace sentir felices es cuando estamos en paz con nuestra conciencia.
Un reflejo de pudor y moderación me impidió que gritara al oír semejante barrabasada, por lo que, evitando cualquier asomo de menosprecio, le contesté:
-Gracias, señora, ahora lo entiendo. Y adelantando la mano buscando la suya para despedirla, una sacudida me llevó a pensar, una vez más, que el mundo está plagado de pícaros y bribones que viven al socaire de los ignorantes.
“Se hacen limpiezas espirituales de negocios y personas”.
Aunque seguí caminando, la curiosidad no satisfecha me retuvo y me hizo regresar para estar seguro de lo que había leído; pues me suele ocurrir que mis pies no obedecen hasta tanto no resuelvo mis dudas. Sinceramente, no terminaba de entender aquello de limpieza espiritual, y mucho menos de negocios. Al fin, una vez estuve frente a la puerta y releí el rótulo deletreando su mensaje, sólo para satisfacer mi curiosidad, me decidí a entrar.
Me recibió una señora de aspecto exótico, con el pelo recogido en la coronilla en forma de escoba, simulando a una cacatúa, y mi primera impresión fue la de estar ante una embaucadora, convencida de que estaba prestando un eficiente servicio a la sociedad.
-Por favor –le pregunté-, ¿me podría decir usted a qué se refiere eso de limpiar el espíritu de un negocio? Porque si ya es difícil limpiar el espíritu a las personas, el espíritu de un negocio....., es que no lo entiendo.
-Pues verá... –me respondió arrastrando las palabras, un tanto dubitativa pensando, tal vez, en la doble intención de mi pregunta.
-No repare en nada, señora –le dije-, más bien le pregunto porque soy comerciante y todo lo que se mueve alrededor de éste mundillo, me interesa.
-Bien, pase, pase -me invitó a entrar mientras me indicaba con la mano la puerta de su despacho.
Una vez sentados, frente a frente, comenzó a desgranar el secreto que, bajo su mágica dirección, conseguía limpiar a cualquiera de sus remordimientos e influencias negativas.
-Hasta aquí todo perfecto, señora –la interrumpí-, pero la incógnita sigue abierta y no veo que usted me indique el camino para llegar a la verdad. Insisto: quiero saber cómo se limpia el espíritu de un negocio.
-Muy fácil, señor -me contestó ésta vez convencida de que sacaría tajada-, si usted tiene problemas personales, adopta prácticas ilegales, maneja dinero negro o defrauda al fisco, esa inquietud que le atormenta se traduce en la negación del éxito o del buen funcionamiento de su empresa, para lo que nosotros le sometemos a unos cursos de contenido psicológico que le mantendrá ausente de problemas, cuando aprenda a disociar lo personal de lo meramente comercial.
-Eso puede ser cierto, señora –le dije-, pero, lo que realmente cuenta es estar en paz con la sociedad y con la justicia.
-Por supuesto que sí –me contestó-, pero en la vida, como usted sabe muy bien, lo que verdaderamente nos hace sentir felices es cuando estamos en paz con nuestra conciencia.
Un reflejo de pudor y moderación me impidió que gritara al oír semejante barrabasada, por lo que, evitando cualquier asomo de menosprecio, le contesté:
-Gracias, señora, ahora lo entiendo. Y adelantando la mano buscando la suya para despedirla, una sacudida me llevó a pensar, una vez más, que el mundo está plagado de pícaros y bribones que viven al socaire de los ignorantes.
lunes, 8 de diciembre de 2008
VIOLENCIA DE GÉNERO
El problema de la violencia de género no es un problema nuevo: sería más acertado decir que se han descorrido las cortinas de la hipocresía y todo el mundo lo ve.
La mujer, ejerciendo su derecho a la libertad, con toda justicia, ya no se resigna por más tiempo a renunciar a su autonomía, a la vez que se defiende de los que han venido haciendo de la androcracia una institución. Es por eso que se encuentra con el muro de las reminiscencias de un pasado machista, de lo que deberían tomar buena nota las altas instancias del Estado y otros poderes fácticos para sentar las bases y atajar el problema desde la raíz.
La educación que han recibido casi todos los hombres, desde pequeños, no ha sido otra que hacer de su madre y hermanas servidoras incondicionales, de lo que ellas, en buena medida, indirecta e inocentemente, han tenido también su parte de responsabilidad. No debemos olvidar que a un hombre metido en faenas domésticas se le atribuían todo tipo de sospechosas especulaciones, pero raramente se le tenía por un hombre normal. De ahí que el hombre (sálvese el que pueda), haya venido desarrollando la creencia de su superioridad, frente a la inferioridad resignada y asumida por la propia mujer. Y no precisamente por su inferioridad física o intelectual, sino porque el código ético imperante se lo impedía, pues salirse de esos parámetros era duramente censurado por la sociedad, inclusive por las propias mujeres.
Por estas y otras razones, pese al avance de las libertades en democracia, muchos hombres e instituciones, especialmente educados con principios espurios y conservadores, no acaban de entender que una mujer pueda tener derecho a terminar con una relación conyugar o con un lazo sentimental por propia iniciativa, sin antes obtener el beneplácito de su marido o amante. Si la mujer se siente libre y se decide a dar el paso definitivo de la ruptura, por causas diferentes, suele ser interpretado como un quebrantamiento de las normas inviolables y suficiente razón para intentar someterla.
Por otro lado, cuando la forma de ser y la personalidad de un ser humano ha echado ya raíces profundas, raramente cambia, por muchos intentos y nuevas oportunidades que se le brinden. Lo estamos viendo cada día, cuando observamos que prefieren a su mujer muerta, y asumen su responsabilidad, antes que verla en los brazos de otro o perderla para siempre, en la que sólo ven un objeto para su propia complacencia. Así pues, por ser un problema arrastrado de cientos de años, no podemos hacer cambiar de la noche a la mañana una mentalidad andrólatra y, a veces, cafre, sin antes hacer campañas pedagógicas en los medios de difusión. Por la misma razón, también sería bueno que se impartiera en los colegios, desde primaria, una asignatura específicamente destinada a educar y orientar a niñas y niños en esta dirección.
viernes, 5 de diciembre de 2008
LA LEY DE MURPHI
Como cada día, después de terminar mi jornada laboral, con movimientos casi de autómata, nada más entré en el portal de casa ya tenía la llave en la mano orientada hacia el buzón para coger el correo. En esta ocasión encontré, entre otras cartas comerciales y folletos de propaganda, un sobre sin remite, escrito a mano con la dirección a mi nombre que me llamó la atención. Lo abrí con especial cuidado, encontrando en su interior la fotocopia de una cuartilla manuscrita que venía a decir en síntesis lo siguiente:
"De este escrito" (el cual no era otra cosa que un discurso encomiástico entresacado de un libro religioso, cuya naturaleza desconocía), "por haber sido tú el elegido, deberás hacer veinte copias y repartirlas a otras tantas personas; pues de no hacerlo, caerán sobre ti y tu familia sucesivas desgracias, de igual modo que les ha ocurrido a otras personas que hicieron caso omiso a este mandato". A continuación enumeraba una larga lista de implicados, nada conocidos, que habían caído en desgracia.
Aunque leí el escrito de principio a fin, no me dejé impresionar por el supersticioso mensaje, y sin reparar un instante en otras reflexiones lo hice añicos y lo tiré a la papelera. Pero mentiría si digo que el escrito no me dejó en el subconsciente un pasajero resabio que no me abandonaría durante algunos días, haciendo su aparición en mi memoria, contra mi voluntad y cuando menos lo esperaba. A partir de entonces, sin poder evitarlo, cualquier acontecimiento con mayor o menor trascendencia que viniera a perturbar mi felicidad personal o familiar, lo asociaba inmediatamente al mencionado mensaje de una forma absurda e irracional. Advertía que iba tomando cuerpo una conducta premonitoria como castigo a mi desobediencia y desprecio al romper la cadena multiplicadora del mensaje. De noche cuando me acostaba, especialmente los primeros días, un injustificado remordimiento y temor se recreaban en mi interior enseñoreándose de mi voluntad y haciendo de mí un auténtico pelele. Y de haber sido posible recomponer el mensaje, para mi mayor tranquilidad, con toda seguridad hubiera cumplido a rajatabla lo que en él se me pedía. Como una sentencia inapelable, aquella carta se había grabado en mi conciencia de formal tal, que mis decisiones y actitudes tenían que ser tomadas dejando siempre un margen de tolerancia a la fatalidad.
Es cierto que después del impacto psicológico que aquella carta me produjo, o por lo menos facilité el camino influido por otras circunstancias, condicionó en cierto modo mi posterior comportamiento, por lo que me hice más impresionable y observador; inclusive llegué a pensar que nadie ni nada me libraría de una inminente desgracia y, a partir de ese convencimiento, empecé a labrar mi propio fracaso: sin proponérmelo, cada día aportaba mi granito de arena como quien labra su propio porvenir. Sabía también, y estaba convencido de ello, que no era precisamente la carta el anuncio premonitorio de mi desdicha, sino el argumento donde poder agarrarme para dar sentido a mi sospecha y no pensar que me estaba volviendo loco. Y lo sabía, además, porque siempre me había reído de estas maniobras engañosas que componen este mundillo de asociaciones contemplativas y de creencias extraterrenas para beneficiarse del miedo al más allá.
No podría decir si aquella carta fue la causa del efecto o, más bien, fue el efecto psicológico el que motivó la causa, lo cierto es que, por aquellos días, un accidente me incapacita para mi normal actividad y, como consecuencia del mismo, observo que mi relación sentimental se tambalea como una torre de papel a punto de derrumbarse.
Según consta en la Ley de Murphi, "cuando presagiamos la proximidad de una desgracia como algo inevitable, aunque no encontremos una razón aparente, existe un gran riesgo de que ésta se produzca”, con independencia del peligro real que en aquel momento gire a nuestro alrededor.
"De este escrito" (el cual no era otra cosa que un discurso encomiástico entresacado de un libro religioso, cuya naturaleza desconocía), "por haber sido tú el elegido, deberás hacer veinte copias y repartirlas a otras tantas personas; pues de no hacerlo, caerán sobre ti y tu familia sucesivas desgracias, de igual modo que les ha ocurrido a otras personas que hicieron caso omiso a este mandato". A continuación enumeraba una larga lista de implicados, nada conocidos, que habían caído en desgracia.
Aunque leí el escrito de principio a fin, no me dejé impresionar por el supersticioso mensaje, y sin reparar un instante en otras reflexiones lo hice añicos y lo tiré a la papelera. Pero mentiría si digo que el escrito no me dejó en el subconsciente un pasajero resabio que no me abandonaría durante algunos días, haciendo su aparición en mi memoria, contra mi voluntad y cuando menos lo esperaba. A partir de entonces, sin poder evitarlo, cualquier acontecimiento con mayor o menor trascendencia que viniera a perturbar mi felicidad personal o familiar, lo asociaba inmediatamente al mencionado mensaje de una forma absurda e irracional. Advertía que iba tomando cuerpo una conducta premonitoria como castigo a mi desobediencia y desprecio al romper la cadena multiplicadora del mensaje. De noche cuando me acostaba, especialmente los primeros días, un injustificado remordimiento y temor se recreaban en mi interior enseñoreándose de mi voluntad y haciendo de mí un auténtico pelele. Y de haber sido posible recomponer el mensaje, para mi mayor tranquilidad, con toda seguridad hubiera cumplido a rajatabla lo que en él se me pedía. Como una sentencia inapelable, aquella carta se había grabado en mi conciencia de formal tal, que mis decisiones y actitudes tenían que ser tomadas dejando siempre un margen de tolerancia a la fatalidad.
Es cierto que después del impacto psicológico que aquella carta me produjo, o por lo menos facilité el camino influido por otras circunstancias, condicionó en cierto modo mi posterior comportamiento, por lo que me hice más impresionable y observador; inclusive llegué a pensar que nadie ni nada me libraría de una inminente desgracia y, a partir de ese convencimiento, empecé a labrar mi propio fracaso: sin proponérmelo, cada día aportaba mi granito de arena como quien labra su propio porvenir. Sabía también, y estaba convencido de ello, que no era precisamente la carta el anuncio premonitorio de mi desdicha, sino el argumento donde poder agarrarme para dar sentido a mi sospecha y no pensar que me estaba volviendo loco. Y lo sabía, además, porque siempre me había reído de estas maniobras engañosas que componen este mundillo de asociaciones contemplativas y de creencias extraterrenas para beneficiarse del miedo al más allá.
No podría decir si aquella carta fue la causa del efecto o, más bien, fue el efecto psicológico el que motivó la causa, lo cierto es que, por aquellos días, un accidente me incapacita para mi normal actividad y, como consecuencia del mismo, observo que mi relación sentimental se tambalea como una torre de papel a punto de derrumbarse.
Según consta en la Ley de Murphi, "cuando presagiamos la proximidad de una desgracia como algo inevitable, aunque no encontremos una razón aparente, existe un gran riesgo de que ésta se produzca”, con independencia del peligro real que en aquel momento gire a nuestro alrededor.
miércoles, 3 de diciembre de 2008
NI TANTO NI TAN...........
No sé si para bien o para trastorno de todos, es indudable que la sociedad está mutando en cuanto a las formas de entender ciertas conductas, porque si hacemos una proporción comparada, lo que antes podía ser una cortesía o un halago, muy bien se puede convertir hoy en el principio de una agresión moral.
Cuando viajaba sentado en uno de los vagones del metro de Madrid, en la estación de Atocha, entre otros viajeros, subió al tren una señora verdaderamente hermosa. Al coincidir con la hora punta, la aglomeración obligaba a la gente a permanecer de pie, y dicha señora vino a situarse frente a mí, de forma que tuve ocasión de recrearme en el monumento que la casualidad había puesto frente a mis ojos. Y como siempre me ocurre en estos casos, enseguida se despertó en mí la absurda percepción de que algo no estaba haciendo bien: una impresión de orden moral me decía que estaba incurriendo en una incivil descortesía, y lo primero que se me ocurrió fue, levantarme y ofrecerle el asiento. Entiendo que, con un gesto tan simple, sin renunciar a nada, sin comprometer mi honor, ni perjudicar a nadie, estoy contribuyendo con mi ejemplo a que la cordialidad se instale en la sociedad, que buena falta le hace.
Una mirada despectiva de la esbelta señora fue el premio a mi gesto de cortesía, para añadir en forma de pregunta la siguiente observación:
-“¿Acaso piensa usted que estoy inválida?”
-De ninguna manera, señora –le contesté-, en todo caso perdone si el gesto de levantarme para que usted se siente le ha molestado.
-“Pues sí que me molesta – replicó con desprecio-: estoy harta de conductas machistas.”
Un ligero rubor inundó mi rostro y mi cerebro sufrió por un instante un cortocircuito que me privó de luz para formular la oportuna respuesta. Desde luego que la respuesta no llegó, pero sí sentí al instante la satisfacción del deber cumplido.
Cuando viajaba sentado en uno de los vagones del metro de Madrid, en la estación de Atocha, entre otros viajeros, subió al tren una señora verdaderamente hermosa. Al coincidir con la hora punta, la aglomeración obligaba a la gente a permanecer de pie, y dicha señora vino a situarse frente a mí, de forma que tuve ocasión de recrearme en el monumento que la casualidad había puesto frente a mis ojos. Y como siempre me ocurre en estos casos, enseguida se despertó en mí la absurda percepción de que algo no estaba haciendo bien: una impresión de orden moral me decía que estaba incurriendo en una incivil descortesía, y lo primero que se me ocurrió fue, levantarme y ofrecerle el asiento. Entiendo que, con un gesto tan simple, sin renunciar a nada, sin comprometer mi honor, ni perjudicar a nadie, estoy contribuyendo con mi ejemplo a que la cordialidad se instale en la sociedad, que buena falta le hace.
Una mirada despectiva de la esbelta señora fue el premio a mi gesto de cortesía, para añadir en forma de pregunta la siguiente observación:
-“¿Acaso piensa usted que estoy inválida?”
-De ninguna manera, señora –le contesté-, en todo caso perdone si el gesto de levantarme para que usted se siente le ha molestado.
-“Pues sí que me molesta – replicó con desprecio-: estoy harta de conductas machistas.”
Un ligero rubor inundó mi rostro y mi cerebro sufrió por un instante un cortocircuito que me privó de luz para formular la oportuna respuesta. Desde luego que la respuesta no llegó, pero sí sentí al instante la satisfacción del deber cumplido.
domingo, 16 de noviembre de 2008
TELEVISIÓN BASURA
No cabe duda que la corrupción es el virus que más contamina a la sociedad. Pero es doblemente dañina cuando hablamos de nuestros representantes elegidos y avalados por la legitimidad del voto. Tampoco se puede decir que el fenómeno de la corrupción sea una metástasis que invade a toda la clase política en general, pues no sería justo. Por tanto, son ellos, los cleptómanos, los que peor ejemplo dan a las generaciones que crecen, a la vez que hacen que se vaya perdiendo confianza en las instituciones públicas. En este sentido, difícil se lo ponen a los padres para inculcar valores morales a sus hijos. No hay que olvidar que, con frecuencia, se les acusa de permisividad y flaqueza de carácter a la hora de establecer normas educativas en la familia.
Julián Muñoz y Roldán, por ejemplo, después de expoliar el Ayuntamiento de Marbella y los Fondos Reservados, respectivamente, ya se pasean por la calle como héroes que vuelven de la guerra cargados de condecoraciones. Pero es que, además, eso que se llama televisión de la entrepierna, con el maldito ladrillo como fondo, ya se los rifan y pugnan por ofrecerles programas por el “módico precio” de trescientos mil euros (cincuenta millones de pesetas) Y todo eso para que sigan contando sus mentiras, ya que el dinero sustraído no aparece por ninguna parte.
Que la mentira consciente y premeditada se convierta en un espectáculo para beneficio de los corruptos y de las televisiones basura, es una ventana abierta a la tentación y una burla para todos los ciudadanos. Se mire como se mire, eso no es otra cosa que hacer apología del bandidaje, lo que debería estar tipificado como delito. Una cosa es legislar y otra muy diferente educar, desde el respeto, para la convivencia en paz.
Julián Muñoz y Roldán, por ejemplo, después de expoliar el Ayuntamiento de Marbella y los Fondos Reservados, respectivamente, ya se pasean por la calle como héroes que vuelven de la guerra cargados de condecoraciones. Pero es que, además, eso que se llama televisión de la entrepierna, con el maldito ladrillo como fondo, ya se los rifan y pugnan por ofrecerles programas por el “módico precio” de trescientos mil euros (cincuenta millones de pesetas) Y todo eso para que sigan contando sus mentiras, ya que el dinero sustraído no aparece por ninguna parte.
Que la mentira consciente y premeditada se convierta en un espectáculo para beneficio de los corruptos y de las televisiones basura, es una ventana abierta a la tentación y una burla para todos los ciudadanos. Se mire como se mire, eso no es otra cosa que hacer apología del bandidaje, lo que debería estar tipificado como delito. Una cosa es legislar y otra muy diferente educar, desde el respeto, para la convivencia en paz.
domingo, 9 de noviembre de 2008
CON EL CULO AL AIRE
Pese a todos los logros y avances de la ciencia en todos los campos, que a veces roza la categoría de milagro, y pese a la modernidad y sofisticación de todos los medios de comunicación en general, lo cual marca la pauta del desarrollo y progreso de los pueblos, se observa que hay un desfase o contradicción entre lo que hemos progresado en éste sentido y el déficit creciente del poder adquisitivo de las clases sociales más desfavorecidas. Por tanto, no se puede decir que vivir hoy sea para mucha gente más fácil que lo era para sus progenitores. El concepto de justicia social se ha quedado anclado con mentalidad del pasado, por lo que las formas de gobernar y el sistema en general necesita de una catarsis para revisar los códigos y las reglas que han terminado por imponer el poder económico y las políticas de derechas. Y son ellos, junto a los políticos de turno y una minoría de afortunados con sueldos millonarios, los que han contagiado a la sociedad la sensación de prosperidad (prosperidad efímera y caduca), lo cual es una más de las mentiras que nos venden cada día. Es cierto que las distancias entre las clases sociales se han acortado, especialmente en lo que se refiere al trato humano. Pero también es cierto que el que tiene dinero sobrevive a cualquier crisis, y el que no lo tiene, sigue siendo igualmente pobre y se muere de asco, como sucede en la situación actual. Por otro lado, el hecho de que la oferta del mercado sea más prolífica y tentadora, y que los bancos nos vengan refregando sus pingües beneficios, no contribuye precisamente a que la vida se mire con más esperanza y optimismo, sino que acrecienta el efecto de frustración, ya que provoca que las clases bajas se sientas aún más pobres y marginadas.
De todas formas, una cosa es evidente y es que, las crisis económicas han sido siempre el caldo de cultivo de las que salen nuevos ricos, o se enriquecen más los que ya lo son, a costa de empobrecer a los que menos tienen.
De todas formas, una cosa es evidente y es que, las crisis económicas han sido siempre el caldo de cultivo de las que salen nuevos ricos, o se enriquecen más los que ya lo son, a costa de empobrecer a los que menos tienen.
viernes, 7 de noviembre de 2008
VENDER TRIGO Y DAR CEBADA
Todos nos manifestamos a favor de la paz -dijo Abraham Lincoln durante la guerra. Pero al usar la misma palabra, no todos nos referimos a la misma cosa”
Vengo observando en todos los españoles con los que comparto la palabra, un deseo ferviente de encontrar la luz que nos mantenga en la paz y el bienestar social, en muchos casos sacrificando principios que nutren nuestros propios ideales. Yo me confieso uno de tantos y mis letras me delatan como demócrata convencido, de lo que me siento honrado. Pero, a fuer de sincero, creo que a muchas sombras de la democracia se les podría aportar luz si todos los Partidos políticos se dieran un baño de humildad y se sentaran con voluntad de establecer las bases y los límites que separan lo permisivo de lo punible, lo posible de lo imposible, la fantasía de la realidad, la demagogia de la verosimilitud. Pues viene sucediendo que los problemas los analiza cada cual desde una perspectiva diferente, según están en el poder o en la oposición: los criterios sobre el mismo tema cambian, de forma tal, que los ciudadanos de a pie, muchas veces nos quedamos perplejos.
Vengo observando en todos los españoles con los que comparto la palabra, un deseo ferviente de encontrar la luz que nos mantenga en la paz y el bienestar social, en muchos casos sacrificando principios que nutren nuestros propios ideales. Yo me confieso uno de tantos y mis letras me delatan como demócrata convencido, de lo que me siento honrado. Pero, a fuer de sincero, creo que a muchas sombras de la democracia se les podría aportar luz si todos los Partidos políticos se dieran un baño de humildad y se sentaran con voluntad de establecer las bases y los límites que separan lo permisivo de lo punible, lo posible de lo imposible, la fantasía de la realidad, la demagogia de la verosimilitud. Pues viene sucediendo que los problemas los analiza cada cual desde una perspectiva diferente, según están en el poder o en la oposición: los criterios sobre el mismo tema cambian, de forma tal, que los ciudadanos de a pie, muchas veces nos quedamos perplejos.
martes, 4 de noviembre de 2008
DIFERENTES, PERO IGUALES
Es un derecho pedir cada cual lo que cree le pertenece, pero entiendo que siempre debemos hacerlo desde nuestra posición de personas como ciudadanos del mundo, valorando a las personas por el seso, que no por el sexo. Si queremos y buscamos una sociedad equitativa e igualitaria, no podemos ni debemos hacerlo en grupos aislados, diferenciando a hombres de mujeres, homosexuales de heterosexuales, blancos de negros o gordos de flacos..
De ninguna manera estoy de acuerdo con la creación de organismos o conmemoraciones públicas, orientados exclusivamente a promocionar o favorecer a géneros por separado. Sí estoy de acuerdo con la institución del “Defensor del Pueblo”, por ejemplo, o cualquier otro organismo destinado a defender los derechos de todos los ciudadanos en general.
Es obvio que, no pocas veces, cuando reivindicamos un derecho, paradójicamente, estamos favoreciendo justamente lo contrario de lo que venimos persiguiendo. Nuestro énfasis lo debemos poner, todos unidos, en presionar a los gobiernos de turno para que promulguen leyes, sin diferenciarnos a unos de otros y sin dejarse influenciar por presiones mediáticas de instituciones con poder social. Entre otras cosas, porque en muchas de estas instituciones encontraremos precisamente a los que se rigen todavía por códigos retrógrados que no comulgan con las demandas de la sociedad actual.
sábado, 1 de noviembre de 2008
PRUDENCIA Y COHERENCIA
Hay que distinguir entre prudencia y coherencia.
Según declaraciones de nuestra vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, “la reina Sofía es muy querida y respetada, dentro y fuera de España, porque ha realizado su tarea de manera impecable”. Eso es algo que muy poca gente ponía en duda. Pero también es cierto que la vicepresidenta hubiera quedado mejor, si a renglón seguido hubiese dicho que las declaraciones de la reina, aparecidas en el libro de Pilar Urbano, están fuera de lugar. Sin embargo, se entiende que por su responsabilidd política y tal vez por prudencia, para no echar más leña al fuego, se ha puesto de su lado, lo que puede entenderse que da su aprobación, igualmente que ha hecho el Presidente Zapatero, por la misma razón.
Si como parece ser, todo se limita a un juicio libre y personal, también nosotros, los ciudadanos de a pie, tenemos el derecho a manifestar, con todo respeto, que no estamos en absoluto de acuerdo. Entre otras cosas, ese tipo de manifestaciones, a estas alturas de la historia de la democracia, sólo contribuyen a dar oxígeno a los intolerantes, máxime cuando son leyes ya aprobadas democráticamente en el parlamento nacional.
Es cierto que la autora del libro, Pilar Urbano, por su condición de conservadora, si algún párrafo era susceptible de rectificación antes de pasar a imprenta para no levantar polvareda, seguro que en ningún momento ha tenido intención de hacerlo. Pues lo que la reina le dictaba, era lo que ella quería oír, por su propio interés.
Según declaraciones de nuestra vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, “la reina Sofía es muy querida y respetada, dentro y fuera de España, porque ha realizado su tarea de manera impecable”. Eso es algo que muy poca gente ponía en duda. Pero también es cierto que la vicepresidenta hubiera quedado mejor, si a renglón seguido hubiese dicho que las declaraciones de la reina, aparecidas en el libro de Pilar Urbano, están fuera de lugar. Sin embargo, se entiende que por su responsabilidd política y tal vez por prudencia, para no echar más leña al fuego, se ha puesto de su lado, lo que puede entenderse que da su aprobación, igualmente que ha hecho el Presidente Zapatero, por la misma razón.
Si como parece ser, todo se limita a un juicio libre y personal, también nosotros, los ciudadanos de a pie, tenemos el derecho a manifestar, con todo respeto, que no estamos en absoluto de acuerdo. Entre otras cosas, ese tipo de manifestaciones, a estas alturas de la historia de la democracia, sólo contribuyen a dar oxígeno a los intolerantes, máxime cuando son leyes ya aprobadas democráticamente en el parlamento nacional.
Es cierto que la autora del libro, Pilar Urbano, por su condición de conservadora, si algún párrafo era susceptible de rectificación antes de pasar a imprenta para no levantar polvareda, seguro que en ningún momento ha tenido intención de hacerlo. Pues lo que la reina le dictaba, era lo que ella quería oír, por su propio interés.
lunes, 27 de octubre de 2008
Cuando me asigné el nombre de GORE para firmar mis textos o comentarios, pensé que me encontraba solo en la red. Pero cuando me doy un paseo virtual, me encuentro que hay cientos de blogs que firman igual que yo. Así pues, sin recurrir a la iglesia ni al juzgado, hoy me bautizo con el nombre de CABRE, para todos los efectos.
viernes, 24 de octubre de 2008
INFLUENCIA DE LOS TÓPICOS

Cuando por distintas razones nos creemos con capacidad para juzgar a los demás, si no es que hemos sacado conclusiones irrefutables para emitir un juicio objetivo a través de una larga convivencia, nos podemos encontrar con sorpresas que son la paradoja de lo que realmente imaginamos. Es decir, el modelo en el que ponemos los ojos se puede desmoronar, especialmente cuando nos empeñamos en mantener una opinión, sin una base firme que acredite nuestra valoración respecto de las personas o las cosas. Y esto nos ocurre hasta el punto que, cuando nos empañamos en imprimir en algo o alguien la marca de bueno, malo, regular, o cualquier otro calificativo, es muy difícil desviar la orientación de los afectos o desafectos cuando se contagia a la sociedad. Por esta razón, me resisto a creer en la clasificación permanente de los héroes, de los cobardes, de los buenos, de los malos, de los santos, de los leales, de los traidores, y también de los valientes: como dijo alguien (sirva como ejemplo), "el valiente no es un ser extraordinario, sino que hace algo extraordinario en un momento extraordinario".
Nadie es virtuoso las veinticuatro horas del día, ni tampoco es un degenerado durante el mismo período. En todo caso creo en la conducta de la gente y la honestidad que se desprende de dicha conducta por su condición natural en el día a día que es, creo, lo que nos diferencia a unos de otros y lo que imprime en última instancia el grado de valor moral que cada persona goza y merece. Un sólo hecho extraordinario a lo largo de toda una vida que acreditan a una persona como tal, no convalida ni da derecho a nadie para arrogarse o arrogarle un reconocimiento o descrédito público que se irá con él a la tumba. Hay que tener en cuenta que todos podemos actuar en contradicción al calificativo por el que somos censurados o alabados. En definitiva, nadie es tan malo como su enemigo dice, ni tan bueno como su madre alardea, sino que es, muchas veces, lo que se nos antoja o nos complace que sea
miércoles, 22 de octubre de 2008
¿AHORA NOS LAMENTAMOS?

Resulta extraño que en este país tan dado a calibrar a los ciudadanos por sus valores morales y cívicos, ocurran cosas tan sorprendentes y contradictorias. Y son sorprendentes hasta el punto que se percibe un brote de esquizofrenia colectiva que empieza a ser preocupante.
La creciente degradación del planeta, apoyado por políticas voraces y poco respetuosas con el medio ambiente, es ya una amenaza mundial, que los científicos vienen anunciando desde hace varias décadas. Las medidas correctoras dictan mucho de ser cumplidas de forma rigurosa, ya que la expansión del ladrillo y el beneficio fácil, por excesiva permisividad urbanística, se han venido afincando en las cavernas del dinero, donde no se entiende el progreso si no es invadiendo territorio, aunque ese progreso sea la guillotina que un día nos puede decapitar.
En la Comunidad Valenciana, por ejemplo, el cemento ha crecido cinco veces más que en la UE, por lo que Europa formalizó en su día denuncia contra el urbanismo valenciano. Pero sus dirigentes no se inmutaron ni se dieron tampoco por aludidos, más bien todo lo contrario, se recreaban presentando su atropello como un avance del desarrollo económico. No en vano, de sus 476 kilómetros de costa sólo quedan 154 y 34 de estos kilómetros ya no tienen ninguna protección. La invasión de 2000 a 2006 ha sido entre 16.000 a 25.000 Has, lo que hace que la Comunidad Valenciana sea la región que más alto riesgo tiene de desertización de todo España. Y lo sorprendente es que cuando se frena la invasión de territorio y se ralentiza la construcción salvaje, nos amenazan diciendo que será ruinoso, ya que repercutirá en perjuicio de la economía.
No deja de ser alarmante que entre los años 1990 y 2005 se haya construido en España tanto como en Francia, Alemania y Reino Unido juntos, mientras que la vivienda de protección oficial sigue bajo mínimos y pasa a ser de dominio de los especuladores para enriquecerse, mientras que los jóvenes y trabajadores han caído en las garras de bancos e inmobiliarias y son hipotecados para el resto de sus días.
Ante esta situación de río revuelto, de un modo montaraz, la codicia ha permitido amasar grandes fortunas mediante comisiones, apropiación de plusvalías y otras chapuzas, ya que algunas comunidades han dejado en manos privadas sus competencias. Todo ello ha provocado que muchos bribones resulten incriminados en delitos de corrupción, enviándoles a prisión en unos casos, o quedando en libertad bajo fianza, en otros. Lo cierto es que, indicios, lo que se dice indicios, los hay y muchos, especialmente a lo largo y ancho de la costa levantina y Andalucía. Pero aún se viene dando otro fenómeno. Y es que, varios inculpados han salido reforzados por el voto popular en las pasadas elecciones municipales y autonómicas, inclusive con mayoría absoluta, como el caso Fabra en Castellón, lo que parece ser que les da derecho a ser amnistiados de sus procesos judiciales.
Cuando todo esto sucede, digo, en lugar de manifestar los ciudadanos públicamente su repulsa y protesta, exigiendo castigo para estos presuntos, y no presuntos imputados, algunos ciudadanos se echan a la calle defendiendo su inocencia, a la vez que se manifiestan contra la decisión de los jueces. Esto es: con su actitud nos están diciendo que los que realmente prevarican son los jueces en beneficio de otros intereses. Pero admitiendo que los jueces son humanos y que también se puedan equivocar, cuando se habla de cientos de casos punibles de esta naturaleza, siempre será más fiable la palabra de la justicia que la de un imputado o sus defensores.
Es evidente que la democracia protege a cualquier inculpado y le da derecho a defenderse para demostrar su inocencia o para aplacar las iras de la justicia. Pero llevar a la calle la protesta en defensa de los corruptos ya imputados judicialmente o recibirles como héroes cuando salen de prisión, como el caso de Julián Muñoz, es tanto como cuestionar la existencia misma de la democracia, o tener que admitir que nos estamos volviendo todos absolutamente locos.
domingo, 19 de octubre de 2008
ESTIRPE DE LA VERDAD

Hay verdades universales, hay verdades nacionales, hay verdades regionales; y también hay verdades de andar por casa.
Las verdades universales prenden en la sociedad y se posesionan en la memoria con el derecho a ser recordadas como un referente en tu vida. No es una verdad que busca justificación para acomodarse a sentimientos partidistas, ni tampoco por el placer de demostrar nada, sino que, con la sencillez y pureza de un razonamiento irrebatible, expresa el sentir de la mayoría de la sociedad.
Las verdades naciones se sostienen sobre la base de principios establecidos por las clases dominantes, intentando demostrar que la jerarquía y la nobleza son los depositarios de la verdad absoluta, Pero no es una verdad que responda a la verdad, máxime cuando la historia nos niega la verdad.
Las verdades regionales, con ser igualmente sólidas, cuando se impregnan de patrioterismo delirante y se hacen garantes de todos los valores públicos y privados, terminan por confundir a la sociedad, lo que hace que la verdad no encuentre una base sólida que le sostenga erguida.
Por último están las verdades de andar por casa: son esas verdades que las vestimos y las desnudamos cada día para darles la imagen y el sentido que a nosotros nos conviene que tengan en cada momento y cada situación. No importa que pierdan su identidad y entren en contradicción, lo que interesa es crear opinión respecto de algo o de alguien, favorable o perjudicial, según conviene a nuestros intereses.
jueves, 25 de septiembre de 2008
SUBIR O BAJAR
Cuando logré coronar la cresta de la montaña, cargando sobre las piernas un ejercicio poco habitual, un pensamiento instintivo me llevo a la siguiente reflexión:
Ahora entiendo por qué es tan difícil subir, escalar una cima, ascender hasta conseguir la meta, alcanzar la gloria, escalar la cúspide del poder, de la fama, llegar a lo más alto. Y es que, para alcanzar la gloria en cualquier faceta de la vida, no se puede hacer en escaleras mecánicas, ni ascensores, ni otros medios aeronáuticos. La gloria se alcanza a golpes de trabajo y fatiga, peldaño a peldaño, con sacrificio, con dedicación y entereza. Si no es así, corremos el riesgo de quedarnos a mitad de camino, o precipitarnos al vacío si no podemos mantener el equilibro cuando nos vemos arriba.
Bajar o descender, por el contrario, suele ser un ejercicio menor. Se puede bajar por inercia, se puede bajar volteando sin apenas esfuerzo, se puede bajar a las cloacas de la corrupción sin sacrificio y sin otros conocimientos que la osadía. Te puedes hundir en la miseria de los más nocivos vicios, y puedes caer en el pozo de la ruina económica o moral sin red para amortiguar la caída. Es evidente que bajar es mucho más fácil, tan fácil que puedes descender al abismo de la desesperación, con pena y sin gloria.
martes, 16 de septiembre de 2008
MISERIAS DEL SER HUMANO

Un hombre subido en el entramado de hierro del andén de la estación de ferrocarril está a punto de arrojarse a la vía. Se lamenta de no tener trabajo y el desahucio de su vivienda por impago de la hipoteca le pone de patitas en la calle. Tampoco tiene recursos económicos para subsistir.
La gente que esperaba la salida del próximo tren, entre exclamaciones de asombro, piden a voces la presencia de la policía.
El tiempo pasa y los nervios se adueñan de la víctima, lo que crea una situación angustiosa. De un momento a otro se espera el desenlace fatal.
Por fin llegan los bomberos, y después de poner una red y tomar todas las medidas de precaución, lo rescatan sano y salvo.
Un murmullo general reina en el ambiente, a la vez que un gesto de alegría ilumina los rostros de todos los presentes, salvo el de un gigante barrigudo que, casi furibundo, se atreve a decir:
“Valiente cobarde, después de esperar una hora resulta que no de tira”.
No es un cuento, es real como la vida misma.
viernes, 12 de septiembre de 2008
EL DILEMA

Sin ánimo de inclinar la balanza en beneficio de los ideales o creencias, y sí en defensa de la verdad, he llegado al convencimiento de que no todos los progresos en democracia van encaminados a beneficiar al indigente o necesitado. El derecho a estar bien informados por los medios de comunicación, unas veces con verdad y otras veces infectados de mentira, está menoscabando en la sociedad el sentido de la solidaridad y el generoso deseo de ayudar a los más necesitados. Mientras que la TV y la prensa escrita y hablada ponen su acento en ciertas noticias para lucro empresarial o personal, están creando también todos los ingredientes que son necesarios para que la sociedad ponga sus ojos y su mente en los marginados, olvidando así al golfo de guante blanco y levita.
Cuando uno pasea por la calle y te sale al paso una persona que te tiende la mano en demanda de ayuda, lo primero que se nos viene a la cabeza es que estamos ante un drogadicto, un vago que no quiere trabajar, o un perdido que sólo pide para satisfacer sus vicios o caprichos. Todo menos pensar que puede ser un padre de familia o un segregado de la sociedad que no encuentra salida a su angustiosa situación económica. El dilema que se nos plantea consiste en saber si estamos ante un golfo o una persona honesta que está en apuros económicos. Y es aquí donde aparece la conciencia con su carga de satisfacciones o reproches, cuando no actuamos con arreglo a los principios aprendidos. Pero aún me queda una pregunta por hacer: ¿De verdad existe la conciencia? Porque lo que para unos es motivo de arrepentimiento y pesar, suele proporcionar a otros la satisfacción del deber cumplido.
viernes, 27 de junio de 2008
EL PESO DE LA CONCIENCIA

Cuando se clausuró definitivamente la cárcel de la ciudad X y se trasladó a los internos a la prisión de C, una de las tardes que paseaba en compañía de un amigo en el parterre que está situado justo enfrente de la puerta principal, observé que los chiquillos de los barrios cercanos entraban y salían del edificio a su libre albedrío, pues la puerta permanecía siempre abierta sin que nadie se encargara de su vigilancia.
De forma instintiva y arrastrado por mi natural curiosidad, propuse a mi amigo entrar en la prisión para ver en qué situación se encontraba, al mismo tiempo que para fantasear en cuanto a las historias y sufrimientos que silenciosamente quedaban allí para siempre entre aquellos muros. Así pues, con vocación de investigador, viendo en cada ladrillo un testigo presencial de los acontecimientos más insólitos, en los que se podían ver inscripciones y leyendas de todo tipo, después de inspeccionar el patio y los largos corredores, al entrar por último a una de las celdas en la que estaban amontonados varios fardos de papeles, pensando que allí podría encontrar algo interesante, me dispuse a leer todo cuanto estaba al alcance de mi mano. Nada de cuanto leía me llamó la atención: se trataba de facturas y otros documentos relacionados con la administración del centro penitenciario. Al fin, después de varios minutos moviendo papeles, encontré una nota enrollada, en forma de cigarrillo, sin firma y sin nombre, en la que con letra de inexperto y no pocas incorrecciones, pero clara y legible, se podía leer un mensaje. Mi primera impresión en aquel momento fue la de haber encontrado algo importante, y acto seguido me lo guardé en el bolsillo con especial cuidado para no perderlo.
Cuando salí a la calle y lo leí detenidamente varias veces, cada letra de aquélla nota me llevaba a las excentricidades y supuestos más esotéricos, pero fue inevitable expeler un suspiro cuando al fin me detuve a pensar lo que en ella decía:
“Cuando ya me siento preparado para retomar mi responsabilidad social y me incorporo a la vida como ciudadano libre, no quisiera morir sin antes dejar constancia de mi sufrimiento y angustia por dos razones totalmente encontradas. Por un lado estoy cumpliendo condena por un delito, del que no me siento culpable, y sí me siento cabeza de turco. Y, por otro lado, llevo sobre mis espaldas el peso de la responsabilidad civil y moral de un atraco a una sucursal bancaria del que, posiblemente, endosarán la culpa a otro inocente. Por tanto, se podría decir que estoy en paz con la justicia, pero sigo en deuda con mi conciencia.”
domingo, 15 de junio de 2008
POR UN MUNDO MEJOR

Porque la vida no sea una carrera de insultos y una pugna de poderes, hagamos votos para que se produzca el milagro y las tinieblas se diluyan en muchas mentes oscurecidas por intereses bastardos.
Porque la mentira no gane nunca la batalla a la verdad.
Porque los derechos humanos no se vean pisoteados por intereses de mercado y por oportunistas sin escrúpulos.
Porque los corruptos y los bribones no pasen de puntillas ante los ojos de la justicia.
Porque la dignidad no se compre y se venda al mejor postor como una mercancía.
Porque la emancipación del hombre sea por fin un éxito y un derecho de todos, hágase la luz en la conciencia de los intolerantes.
Porque el ejercicio de la paz, del derecho y la libertad, no sea nunca motivo de ajuste de cuentas.
Porque las cavernas del dinero y el poder económico asuman de buena fe que el trabajador tiene derecho a reivindicar su dignidad.
Porque los dirigentes políticos no se empeñen en hacer tormenta de la bonanza y bonanza de la tempestad.
Porque todos estamos nivelados por la muerte, hagamos del bien y la tolerancia un acto de fe y esperanza.
Porque es vacuo e hipócrita predicar para la galería, eduquemos con el ejemplo para la paz y la vida.
Porque no se haga de los poderosos una especie protegida.
Porque salga el sol para los que están condenados a vivir en la oscuridad con un horizonte sin futuro.
Porque desaparezcan las inicuas discrepancias que adulteran la naturaleza y el ser como tal.
Porque los mares de impudicia se hacen irrespirables en todo el mundo, purifiquemos las aguas para que el ser humano no perezca contaminado.
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